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miércoles, 22 de septiembre de 2010

Por Mi Raza Hablará El Espíritu.

Bienvenidos a una entrada más en este blog, amables lectores. Este mes aún continuamos con la celebración del Bicentenario de la Independencia y próximamente habremos de conmemorar el Centenario de la Revolución. Pero curiosamente esta semana se celebra otro centenario más y quizá, el más importante de todos: el de la UNAM. Justamente de eso tratará esta entrada. Así que vamos a comenzarla.

Después de la Conquista española y caída Tenochtitlan en 1521, el gobierno de facto de Hernán Cortés comenzó a cimentar la nueva Ciudad de México, que ya no tendría el esplendor mexica, sino una combinación de dicha etnia junto con la nueva raza española. Las autoridades de la Corona Española repartían a diestra y siniestra los puestos a los conquistadores de los territorios descubiertos en todo el nuevo mundo. Así pues, el primer "gobernante" de la Nueva España sería el propio Cortés. Pero a partir de 1535 comenzaría una organización más fuerte por parte de la Madre Patria hacia la nueva colonia. Este año llegó a México el primer Virrey de este territorio: Antonio de Mendoza y bajo su mandato se fue implementando poco a poco un nuevo sistema de gobierno que incluyera también servicios novedosos en el Virreinato.

En ese momento la educación se centró básicamente en la evangelización de los indígenas a través de los frailes que construyeron varios conventos e iglesias por donde peregrinaran. Pero no existía una educación "formal" que no sólo enseñara religión, sino también artes y cultura en general. Así fue que por Cédula del Rey Carlos V se fundó la Real y Pontificia Universidad de México en 1551, aunque comenzó a impartir clases hasta 1553. La creación de esta nueva casa de estudios permitió el acceso a la ciencia pero desde el punto de vista eclesiástico.

Muchos de los egresados de esta Universidad obtenían grados de Maestrías y Doctorados. Además, dicho lugar fue "haciendo méritos" para ganarse privilegios de algunas Universidades españolas y así ser considerada una de las más importantes de América.

A partir de 1821, cuando fue consumada la Independencia, la Real y Pontificia Universidad cambió su nombre a Pontificia Universidad de México, mismo que ostentó hasta 1865 cuando fue clausurada. Sin embargo, las escuelas que habían salido de dicha Universidad se mantuvieron vigentes. En 1867, bajo el gobierno del Presidente Benito Juárez y por iniciativa de Don Gabino Barreda, fue fundada la Escuela Nacional Preparatoria, que primero gozó de independencia para después ser anexada a los planes de la Universidad Nacional.

Bajo el mandato del Presidente Porfirio Díaz Mori, el Ministro de Educación, el Maestro Justo Sierra Méndez, rescató la idea de la Universidad. Así fundó, en el antiguo Colegio de San Ildefonso, sede de la Escuela Nacional Preparatoria (específicamente en el Anfiteatro Simón Bolívar) la nueva Universidad Nacional de México en 1910.

Pero en este año, el nuevo centro de estudios no era independiente al gobierno. Bajo la demanda de querer que la Máxima Casa de Estudios fuera autosuficiente y tuviera un régimen propio para su mejor gobernabilidad, en 1929, durante la administración de Emilio Portes Gil, se decretó la autonomía de la Universidad. A partir de ahí se denomina Universidad Nacional Autónoma de México.

Bajo los mandatos de los Presidentes Miguel Alemán y Adolfo Ruiz Cortines, se construyó e inauguró la Ciudad Universitaria en el Distrito Federal, la cual ha sido la sede central de la UNAM. La obra quedó formalmente abierta a la Nación en 1954.

La autonomía universitaria fue refrendada en 1968, cuando el Rector Javier Barros Sierra realizó una movilización en contra de la toma de Ciudad Universitaria por parte del Ejército Mexicano y como acción represora del Movimiento estudiantil de ese año. Aunque finalmente las tropas sitiaron el Campus Central, la labor de resistencia del Rector tuvo un impacto importante en la comunidad estudiantil, misma que resistió los embates del gobierno represor de Gustavo Díaz Ordaz y que defendió la casa de Estudios.

Hoy la UNAM le da a México muchísimos investigadores en campos humanísticos y científicos, así como espacios abiertos a la cultura, elementos importantes e imprescindibles en la formación universitaria. Además, le regala a la afición deportiva los equipos de los Pumas (tanto en futbol americano como en soccer), mismos que han ganado varios partidos, incluyendo el clásico Politécnico - UNAM (en americano).

Es por ello que el Centenario de la Universidad no debe pasar desapercibido y es un motivo más para continuar los festejos de este 2010. O ustedes, ¿qué opinan amables lectores? Agradeceré sus comentarios.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Bicentenario... ¿Con sangre o con letras?

¡Bienvenidos a una nueva entrada en mi blog, amables lectores! Con ésta inicio el mes de Septiembre y celebro también los 3 años de existencia de este portal. Muchísimas gracias a los que me han seguido a lo largo de este tiempo y a los que van conociendo este espacio de expresión.

En esta ocasión, les escribiré acerca del Bicentenario. Pero no de una cuestión histórica, sino de la preparación que se está teniendo en estos momentos, ya que faltan 4 días para celebrar los 200 Años de nuestra Independencia.

Desde hace 2 años aproximadamente, el Gobierno Federal ha realizado preparativos para la gran celebración del Bicentenario de la Independencia. Durante los últimos meses del 2009 y los primeros 4 del 2010, se estuvieron reclutando jóvenes que participaran como "voluntarios" colaborando en los eventos que se efectuarán el próximo 15 de Septiembre.

Además, el propio Gobierno Federal, a través de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y de la de la Defensa Nacional (SEDENA), ha contribuido a esta magno festejo enviando banderas de México y libros de Historia (llamado "Viaje por la Historia de México" -adaptación del "Álbum de México" de Editorial Clío publicado en 1998- de Luis González y González) de manera gratuita a todas las casas del país.

Las opiniones respecto al festejo del Bicentenario han estado divididas, sobre todo, a raíz de la distribución de ambas cosas -la Bandera Nacional y el libro-. Hay quienes opinan que en vez de que el Gobierno despilfarre dinero debería mejor crear empleos e invertirlos en cosas productivas. Hay otros que prefieren la celebración y que se celebre el Bicentenario de una manera "inolvidable".

Pero a la par de estas opiniones, existe otra realidad en la que muchos concuerdan -me incluyo- y por la cual no deberíamos estar tan contentos de celebrar: la proliferación de la inseguridad.

Los noticiarios cotidianamente nos muestran que los estados del norte de la República son tierra de nadie, que el gobierno no es quien manda ahí y que la situación delictiva se va agudizando cada vez más. No es cierto que Calderón y su lucha contra el narcotráfico esté dando frutos. Quizá García Luna (Secretario de Seguridad Pública) no le informó ni le previno al Presidente sobre los alcances que esa "lucha" tendría.

El hecho del discurso presidencial de que el combate al narco "costaría vidas" no satisface a la población mexicana, puesto que no son sólo 1 o 2 personas comunes y corrientes las que han muerto en enfrentamientos del propio ejército y los "maleantes", son miles y día a día se van sumando más.

Es deplorable ver cómo en las escuelas ya no se enseñan simulacros contra temblores o catástrofes naturales, sino que éstos ahora sean contra balaceras, que, desafortunadamente, terminan siendo "el pan de cada día" en varias entidades.

Así pues, amables lectores, reflexionemos varias cosas. Por un lado, sí debemos sentirnos orgullosos de un país que conserva identidad y que, de una u otra forma, es independiente, libre y soberano. Por ejemplo, nuestros vecinos del norte tendrán las últimas 3 cualidades, pero no poseen identidad propia. Así que hay que sentirnos felices de que México aún la tenga. Pero por otra parte, debemos recapacitar no sólo en la "guerra" contra el narco, sino en lo que podemos hacer para que prosperemos como nación y en la manera de contribuir a la sociedad a la que pertenezcamos sin afectarnos entre nosotros. O ustedes, ¿qué opinan amables lectores? Agradeceré sus comentarios.