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viernes, 31 de agosto de 2012

Imposición o democracia a modo.

Bienvenidos a una nueva entrada en mi blog, amables lectores. Sé que los tenía abandonados por un rato, pero ya estoy de vuelta. Y por cierto, a unos días de que este espacio cumpla ya 5 años. Les agradezco mucho a todos los que se han tomado el tiempo de leer mis entradas, de comentarlas y de dar sugerencias y criticar lo que publico. Todo lo leo y lo tomo en cuenta. Gracias por estos primeros años y espero seguirles escribiendo por mucho tiempo más.

Pero vamos a la entrada, que tratará el tema controversial de la calificación de la elección presidencial de nuestro país por parte del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, apenas la noche de ayer, 30 de Agosto.

Como lo escribí en la última entrada previa a esta, el ánimo de gran parte de la población al saberse los resultados de la elección fue de desilusión, de indignación y de desconfianza. No era para menos. Y no es que los comicios se hubiesen asemejado a los de 2006, donde se cuestionaba el triunfo de Felipe Calderón como Presidente por el estrecho margen que hubo en los resultados entre él y Andrés Manuel López Obrador (0.56 % de diferencia apenas). No. Era el enojo de quienes vivieron un PRI autoritario y que veían cómo regresaríamos a eso mismo. Era la indignación de jóvenes que, aunque no vivieron bajo los regímenes tricolores a nivel federal, vislumbraban pocas esperanzas de un futuro prometedor si ganaba "el copetes", como le hacen llamar a Enrique Peña Nieto.

Una semana después del primero de Julio, el PAN prácticamente agachaba la cabeza. Se sabían perdedores, pero además, reconocían que la elección no había sido del todo transparente ni clara. Quizá por soberbia, por incongruencia o algo más, no quisieron apoyar al Movimiento Progresista, que encabeza López Obrador, en su camino a la impugnación de la jornada electoral. Los azules prefirieron ver hacia sus entrañas, saber qué habían hecho mal y qué tendrían que resolver. Y son muchos pendientes los que cargan a cuestas. Aún así, la coalición que postuló al "Peje" como candidato, decidió ir por su cuenta a hacer lo propio: impugnar y tratar de anular la elección.

Las pruebas eran variadas, y aunque la gente se mostraba confiada, no eran del todo específicas. Durante un mes prácticamente, se sabían noticias de que se habían entregado como "pruebas contundentes" playeras, gorras, electrodomésticos, cilindros y ¡hasta animales de granja! Además del sonado caso de las tarjetas de la tienda Soriana y de Monex. Se recaudaron también firmas de ciudadanos que, ignorantes de la Ley electoral vigente, trataron de apoyar el proyecto de nulidad de la elección.

El Tribunal Electoral tuvo que darle entrada a dicha impugnación, tal como lo marca la Ley también. Aún con las supuestas pruebas que se presentaron, la suerte ya estaba echada.

Ni los puercos, ni las gallinas, mucho menos la propaganda que regaló el PRI a diestra y siniestra pudieron comprobar exceso en los gastos de campaña. Y un punto en contra de López Obrador fue que el Instituto Federal Electoral dará a conocer las cifras de lo que cada partido político gastó hasta el próximo enero, por lo que, al momento de que se definiera cómo votarían los magistrados del TEPJF en relación a la elección, no se sabría si hubo o no rebase del dinero que repartiera el propio IFE a cada partido.

Así pues, llegó el día de lo inevitable: después de cinco horas de discusión, los magistrados del Tribunal Electoral se pondrían de acuerdo para saber si votaban a favor o en contra de que se invalidara la elección presidencial. Así, a las 22:25, y con 7 votos a favor, de 7 magistrados, se determinó desechar el recurso de impugnación que pondría López Obrador y el Movimiento Progresista contra los comicios del primero de Julio. Con ello, se puso fin al proceso electoral y sólo será cuestión de horas o días para que se declare a Enrique Peña Nieto como Presidente Electo de México para el período 2012-2018.

Las reacciones no se han hecho esperar. Hubo inconformidad de ciertos grupos de la población, aunque poco a poco se han ido reduciendo a centenares de personas. La resignación se ha hecho evidente. Sin embargo, hay una creencia, aunque no generalizada, de que el de Peña Nieto sería un sexenio de transición, es decir, que sólo habría alternancia del PAN al PRI en este 2012 y que en 2018 quizá vuelva a haberla, aunque no sabemos a quién le dejaría la Banda Presidencial el PRI en ese año.

¿Qué les deja la resolución del TEPJF? ¿Creen que AMLO de verdad aportó pruebas suficientes y sustentadas que pudieran echar para atrás la votación de más de 17 millones de personas? Como siempre, amables lectores, agradeceré sus comentarios.