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sábado, 27 de abril de 2013

Peña Nieto y Mancera: ¿los ocasos de sus partidos? Parte II.

Bienvenidos a una nueva entrada en el blog, amables lectores. En la última ocasión, inicié con el análisis de los gobiernos de Enrique Peña Nieto y di paso al de Miguel Ángel Mancera, los dos hombres con mayor relevancia a nivel político nacional. En este nuevo post, toca el turno justamente al Jefe de Gobierno del DF, que ha sido objeto de controversia desde que fue electo como candidato hasta ahora que ya tiene las riendas de la administración de la capital de la República Mexicana.

Durante el último tramo del sexenio de Marcelo Ebrard, el otrora mejor alcalde del mundo, la izquierda (llámese PRD) del Distrito Federal, preparaba ya a sus mejores cartas para continuar en el poder de la Ciudad de México. Los aspirantes no faltaron. Estuvieron, entre la larga lista, Alejandra Barrales (quien fuera diputada en la Asamblea Legislativa), Mario Delgado (Secretario de Educación del DF), Carlos Navarrete (Senador por el DF de 2006 a 2012), Alejandro Rojas Díaz-Durán (Secretario de Turismo del DF), y poco sonado, pero constante en la carrera, Miguel Ángel Mancera (Procurador de Justicia de la capital). Entre otros más, estuvieron Martí Batres y Gerardo Fernández Noroña.

La balanza parecía inclinarse hacia Mario Delgado, quien parecía el delfín de Marcelo Ebrard. La fórmula hubiese quedado así: Ebrard sería candidato a la Presidencia, mientras podía controlar, de ganar las elecciones, el DF a través de Delgado.

Ni una ni otra situación se dio. En una consulta que realizó el PRD para definir a su candidato a la Presidencia, el Jefe de Gobierno perdió frente a su casi antecesor, Andrés Manuel López Obrador, quien finalmente contendió por el Sol Azteca contra Josefina Vázquez Mota (del PAN), Enrique Peña Nieto (del PRI) y Gabriel Quadri (del PANAL).

Y en el DF, se desvanecían también las ilusiones de seguir controlando la vida política de la antigua Tenochtitlan. La caballada que llegó al final para decidir quién sería el candidato a la Jefatura de Gobierno del DF, decidió hacerse a un lado frente a la apabullante fama del Procurador Mancera. Con la venia de todos los perredistas (algunos, a regañadientes), Miguel Ángel Mancera se convertiría en el elegido de los amarillos.

En los debates que se realizaron con los demás competidores para llegar a dirigir el Distrito Federal, Mancera tuvo una participación muy débil, no lograba convencer con las ideas que traía, y las candidatas del PAN, PANAL y PRI lo dejaban rezagado en ciertos tópicos que abordaba. Aún así, el 1° de Julio de 2012, con una votación de más del 66 %, Mancera se convirtió en el cuarto Jefe de Gobierno del DF electo por la ciudadanía (aunque ha habido más, ni Rosario Robles ni Alejandro Encinas fueron elegidos por la gente, sino impuestos para terminar las administraciones de Cuauhtémoc Cárdenas [1997-2000] y Andrés Manuel López Obrador [2000-2006], respectivamente).

El 5 de Diciembre de 2012, y después de un día de desestabilización social (el 1° de ese mes), Miguel Ángel Mancera tomaría protesta como Jefe de Gobierno, dejando claro desde el inicio, que tendría una relación institucional -y casi cercana- con la Presidencia de la República, misma que no se había dado ya desde el sexenio de Vicente Fox teniendo a López Obrador y después a Encinas en el DF, ni mucho menos con Felipe Calderón y Marcelo Ebrard. Ello le valió el reproche del ala más radical del PRD en la capital, que no reconoce el triunfo de Peña Nieto y que ve un gran riesgo de doblegar el gobierno local de la ciudad ante el federal priista.

Durante los primeros meses de 2013, Mancera daría su primer punto en contra: la supresión de las playas artificiales, que el carnal Marcelo había hecho populares y que le habían dado gran fama entre la población que no tenía la posibilidad de salir del Distrito Federal en temporada de vacaciones. Ello le valió un cierto repudio en los sectores populares de la Ciudad.

Al momento de dar a conocer su gabinete, el nuevo Jefe de Gobierno se dio otro knock out al presentar la nueva Agencia de Gestión Urbana, misma que, hasta la fecha, no se sabe cuál es su función, y que algunos Jefes Delegacionales han puesto en duda debido a que les quitaría autoridad y autonomía dentro de sus demarcaciones.

La cereza del pastel la dio durante los primeros días de Abril. En plena Semana Santa, se anunció el incremento de $ 1.00 a la tarifa de los transportes públicos (autobuses, microbuses y vagonetas, principalmente), y un pequeño ajuste a la de los taxis. Ello enfureció a la mayoría de la población capitalina que demanda mejor servicio en el rubro, sin que hasta el momento, haya una diferencia.

Si la Procuraduría del Estado de México en 2010 con el caso Paulette había sido burda, ineficiente e inútil en cómo concluyó el caso, la del DF le ganó, puesto que a inicios de 2013 se abrió una averiguación en contra de una pandilla de canes (perros) que supuestamente habrían asesinado a varias personas en el Cerro de la Estrella, en Iztapalapa. Ese fue otro tropezón en los meses que lleva Mancera al frente de la capital.

Lo más reciente ha sido la indiferencia del Gobierno del Distrito Federal para cooperar con la UNAM para actuar en contra de los vándalos que mantienen cercado el edificio de la Rectoría, en la Ciudad Universitaria, y que está en riesgo de perder el título de Patrimonio de la Humanidad, que la UNESCO le otorgó en 2010.

La administración Mancera ha iniciado quizá con el pie izquierdo, y abre la posibilidad de que el DF deje de ser amarillo para la próxima administración. ¿Qué opinan ustedes, amables lectores? Agradeceré sus comentarios.

lunes, 8 de abril de 2013

Peña Nieto y Mancera: ¿los ocasos de sus partidos? Parte I.

Bienvenidos a una nueva entrada en este blog, amables lectores. Inicio con ella el mes de Abril de 2013, y les contaré sobre dos hombres gobernantes de México (el uno, de la República y el otro, de la capital del país) que tal vez sean el declive de los partidos políticos que los postularon en las pasadas elecciones de 2012 y que le den paso a la alternancia política en el ámbito federal y en la Ciudad de México. Inicio, pues, con la entrada.

Durante los primeros días de 2013, a casi un mes de que tomara posesión de la Presidencia de México, Enrique Peña Nieto tenía ya en puerta sus primeros desafíos. Entre ellos, se encontraba la aprobación de varias reformas que quedaron congeladas durante el sexenio de Felipe Calderón y a las que justamente el partido que postuló a Peña, el PRI, no quiso darles luz verde.

Pero tenía una tarea más difícil: legitimar su elección. Aunque la de 2012 fue diferente a la votación de 2006, donde Andrés Manuel López Obrador quedó por apenas un porcentaje mínimo debajo de Felipe Calderón, los millones de sufragios que hicieron ganar a Peña Nieto nunca fueron aceptados por una gran parte de la población, y la tensión social que se dio después de la jornada electoral de Julio de 2012 hasta la toma de protesta presidencial, el 1° de Diciembre del mismo año, hicieron que el nuevo gobierno tuviera que plantearse la manera de estabilizar dicha situación.

Quizá más a fuerza que por propia voluntad, la naciente administración priista se sujetaría a una nueva manera de cooperación política: el Pacto por México, protagonizado por el propio PRI, el PAN y el PRD, los tres principales partidos. Aunque a esta coalición prácticamente de facto estuvo invitado López Obrador, no quiso ser partícipe de la misma.

Desde enero hasta la fecha, se aprobaron reformas en materia fiscal, penal, educativa y se sigue analizando la que refiere a las telecomunicaciones. Pero quizá los dos puntos neurales de estos primeros meses de la administración peñanietista fueron la explosión que se dio en la Torre Ejecutiva de Petróleos Mexicanos en la Ciudad de México, y el encarcelamiento de la otrora líder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), Elba Esther Gordillo.

Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas en los pocos meses que lleva la administración de Enrique Peña Nieto. La aprobación de la reforma educativa (que no se quiso llevar a cabo en el gobierno de Felipe Calderón) sigue teniendo a un gremio polarizado: el magisterio. Aún los miembros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), antagonista del SNTE, continúan contra cualquier acción gubernamental que supuestamente atente contra sus derechos. Al parecer, la respuesta de Peña Nieto, vía el Secretario de Educación, Emilio Chuayffet, ha sido de no doblegarse, quizá tal como lo hizo ya el Gobernador de Oaxaca, Gabino Cué, quien ofreció una contrarreforma.

A ello se le suma la difusa Cruzada Nacional contra el Hambre, que emprendiera la Secretaría de Desarrollo Social, que dirige Rosario Robles (ex Jefa de Gobierno del Distrito Federal), y que curiosamente excluyera a varios de los municipios más pobres del país. Hasta el momento, no se ha sabido de los resultados o alcances que podría tener dicha acción gubernamental.

Otro punto que hasta el momento no se ha combatido en los meses que lleva al frente del Ejecutivo Federal Enrique Peña Nieto, es la inseguridad. Hay quienes opinan que el hecho de que el mexiquense tenga apenas menos de un año en la Presidencia es factor para que no haya avances o retrocesos palpables en el rubro. Incluso, hasta Javier Sicilia, uno de los más criticados activistas sociales, le ha dado un año de gracia al mandatario. Sin embargo, la realidad es que no existe todavía una dirección concreta que pueda ir cambiando la percepción de la sociedad respecto a la inseguridad.

Van más de 100 días de gobierno de Enrique Peña y aún no existen, fuera del papel o del diálogo simple, acciones que pudieran determinar el sello de esta administración. De continuar así, se podría cumplir la suposición de que este será un sexenio tricolor de transición y que en 2018 podría regresar el PAN o, tal vez, dársele la oportunidad a la izquierda de llegar a la Presidencia de la República. En la segunda parte analizaremos el inicio del mandato de Miguel Ángel Mancera, Jefe de Gobierno del Distrito Federal.

Mientras, amables lectores, ¿qué opinan de Peña Nieto? Agradeceré sus comentarios.