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domingo, 26 de enero de 2014

"Azul" tricolor: Misión 2018.

Bienvenidos a una nueva entrada, amables lectores. Con ésta, inicio el 2014 en este blog. Ahora trataré un tema que siempre da de qué hablar, por lo regular cada 6 años, aunque, como estamos en vísperas de elecciones intermedias, estará vigente durante 2014 y hasta mediados de 2015, cuando empiece a calentarse un poco más. Este tema es la sucesión presidencial de 2018.

Desde que Enrique Peña Nieto asumió la Presidencia de México en Diciembre de 2012, no pocas personas se han preguntado quién podría ser su sucesor. Y no es para menos. El primer año de la administración peñanietista, la primera tricolor en el siglo XXI después de los sexenios del PAN (2000-06 y 2006-12) ha sido muy criticada por la opinión pública, y ha dejado mucho a desear.

Pareciera que, como se vaticinaba desde que Peña era candidato, el PRI de antaño regresaría peor que como se fue, sólo con nuevas caras. La decepción de tener un presidente gris, un gabinete que no ha dado una sola noticia relevante, sino malas nuevas para la población, y la pasividad con la que se han tratado de resolver algunos problemas que se arrastran desde la administración de Felipe Calderón, son factores que podrían poner en riesgo al PRI en las elecciones del próximo año, y que le dejarían el camino muy complicado para 2018.

La sorpresa también ha sido que al interior del PRI no existe un candidato viable para darle continuidad a los sexenios priistas del siglo XXI.

Se esperaba que, tal como sucediera con Peña Nieto, su sucesor en el Estado de México, Eruviel Ávila, tendría posibilidades de llegar a Los Pinos en 2018. El problema es que el sexenio de Ávila termina en 2017, y, además, a diferencia de Peña, Eruviel no tiene el arrastre que llegó a tener en su momento el ahora Presidente de México. Mantenerse vigente durante casi un año, es una labor difícil para casi cualquier político en México. Y Eruviel Ávila no es la excepción.

Sin embargo, durante 2013, hubo un chamaquillo que estuvo haciendo ruido en su estado (Chiapas) y en otros más (llámese Distrito Federal), anunciando con bombo y platillo los logros que, a su juicio, ha realizado en su primer año al frente del gobierno chiapaneco. Este escuinclito se llama Manuel Velasco Coello, y es el Gobernador de Chiapas durante el sexenio 2012-18.

Pero por más que pudiera promoverse hasta donde no tiene por qué, el hecho es que su llama se apagó muy rápido. Justamente su promoción tan grosera que hizo en espectaculares, prensa, radio y televisión, hizo que todo el país volteara hacia Chiapas, pero no para ver qué hace el Gobernador, sino para darse cuenta que sigue siendo un estado en condiciones paupérrimas, y que esta administración no está haciendo nada por rescatarlo.

Mientras las apuestas siguen calientes por saber quién será el próximo tricolor que pudiera suceder a Peña Nieto, hay un mandatario estatal que, desde que inició su gobierno en 2011, ha estado poco a poco pujando por ser el próximo presidente de México. De raíz priista, fue una alianza lo que lo impulsó para la gobernación de su entidad para el sexenio 2011-2017. Contra todo pronóstico, ganó las elecciones de 2010 que lo encumbraron hacia Casa Puebla, donde despacha actualmente. Él es Rafael Moreno-Valle Rosas, el gobernador poblano, quien, de forma silenciosa, y sin que la gente realmente se percate de ello, se ha estado colando en cuanto medio puede, para hacer visible su persona (independientemente de que se promocione a Puebla). Se dice que él buscaría la candidatura en 2018 por parte del PAN, aunque no está definido del todo.

Finalmente, el partido que aún no brilla en la carrera por 2018 es el PRD. Pareciera que el momento de Marcelo Ebrard se fue con el 2012, y que López Obrador, ya con su nuevo movimiento, podría tener una elección considerable, que le robaría muchos votos al sol azteca.

Si la batalla se diera entre Moreno-Valle y Eruviel Ávila, quizá quien ganaría sería el primero, aunque enfrentarse a los estados del centro del país, supone derrumbar bastiones del PRI y del PRD. Pero aún con ello, si Eruviel Ávila se postulara, quizá no tendría tanto arrastre en algunas otras entidades del propio centro (principalmente, Distrito Federal y Morelos).

Todavía hay mucho tiempo para saber cómo se definirán las candidaturas de todos los partidos. Pero pudiera ser un hecho que el próximo sexenio no vaya a pintarse de tres colores, como el actual. O ustedes, ¿qué opinan, amables lectores? Agradeceré sus comentarios.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Mi querido Roy, te tengo mucho respeto como la persona enterada que eres, sin embargo te gusta adivinar de más y confías demasiado en tu criterio -que suele ser sesgado-, lo que hace que den mucha hueva tus textos. Si brindaras más datos, fueras más concreto y menos acartonado en tu elección de vocabulario, darías más fuerza a tus textos, entonces sí serías una bomba.

Pero reitero, no pierdo el tremendo respeto que te guardo por que te conozco y eres creo que la única persona de la carrera que habla de estos temas de manera sostenida.

Por cierto soy Pacheco y te mando un abrazo grande.