Bienvenidos a una nueva entrada en este blog, amables lectores. Ahora les escribo sobre un asunto que está dando de qué hablar en la Ciudad de México, sobre todo, porque a últimas fechas se ha aprobado una reforma político-electoral, y porque, en el marco de la política justamente, se ha exigido que la capital de la República ya cuente prácticamente con autonomía, tal como los demás estados.
Desde Diciembre de 1997, cuando se pregonaba que en el Distrito Federal había un gobierno que estaba trabajando (slogan de la administración de Cuauhtémoc Cárdenas), se pensaba que habría un cambio radical en la forma de llevar las riendas de la Ciudad de México. Hasta ese año, donde por vez primera se eligió Jefe de Gobierno (llamado antes Regente), y donde se cambió el ente jurídico Departamento del Distrito Federal por el de Gobierno del Distrito Federal, las decisiones que permeaban sobre la capital mexicana se ejecutaban con el Regente, que a su vez era impuesto por el propio Presidente de la República. Sin embargo, la población capitalina se vio envuelta en una crisis de ingobernabilidad.
En 1999, Cárdenas se preparaba ya para ser de nuevo el candidato por el PRD a la Presidencia, y el DF quedaba sin cabeza prácticamente. El efecto mediático de la muerte de Paco Stanley (que se asoció con el incremento de violencia en la capital), la pésima actuación del Procurador Samuel del Villar, sumado a la inminente corrupción que ya se estaba dando en el gobierno capitalino, hizo también, quizá, que la salida de Cárdenas del GDF fuera más rápida. Justo en 1999, lo relevó Rosario Robles (actual Secretaria de Desarrollo Social de Enrique Peña Nieto), quien casi de manera rápida, trató de enderezar el rumbo de esta Ciudad.
Para 2000, y después de la reforma que hiciera la Asamblea Legislativa del DF (antes llamada Asamblea de Representantes), donde los Jefes de Gobierno durarían 6 años en el cargo y no 3, llegó a despachar justamente al Antiguo Palacio del Ayuntamiento, después de una elección muy competida, Andrés Manuel López Obrador. Con él, la de México se convertía en la Ciudad de la Esperanza, donde las clases desprotegidas tendrían a un paladín de la justicia. Aunque implementó programas sociales (que endeudaron a la capital, al igual que los segundos pisos), durante su quinquenio (2000-05), no logró sanear del todo la imagen del Gobierno del Distrito Federal.
2003 y 2004 fueron años cruciales para la administración de López Obrador. Y es que se descubrieron videos donde algunos miembros de su gabinete (René Bejarano y Mario Ponce), recibían sobornos de dinero a cambio de algunos favores. Asimismo, los Jefes Delegacionales de Gustavo A. Madero, Octavio Flores; y de Tlalpan, Carlos Imaz, se vieron involucrados en situaciones similares. El primero de ellos, escapó de la justicia. También en 2004 saldría a relucir el Secretario de Seguridad Pública del GDF, Marcelo Ebrard. Y no por su brillante actuación, sino por un incidente que se presentó en Tláhuac, donde policías federales fueron linchados por los propios pobladores, supuestamente porque habían participado en violaciones. Ante la inacción de la SSP del DF, el Presidente Vicente Fox ordenó la destitución de Ebrard. Sin embargo, López Obrador lo premiaría con la Secretaría de Desarrollo Social del Distrito Federal, de donde saltó para ser el próximo Jefe de Gobierno.
Así fue que en 2006, de ser la Ciudad de la Esperanza, el Distrito Federal pasó a ser una Capital en Movimiento, con Marcelo Ebrard a la cabeza. Su gestión frente al Gobierno del DF, se basó en una política que en teoría, le daría un aire renovador a la otrora Tenochtitlan. Los programas que llevó a cabo (a la par de los que heredó de la administración de López Obrador y Alejandro Encinas), hicieron que se convirtiera en el mejor alcalde del mundo, y que la Ciudad de México fuera el centro de atención a nivel nacional e internacional. Pero la pantalla donde se proyectaba esa película al exterior de la propia capital del país, al interior parecía no tener reflejo. La inseguridad, aunque se trató de erradicar, continuó siendo un factor lacerante para la población metropolitana. Durante el sexenio de Ebrard (2006-12), fueron pocas las incidencias delictivas que se presentaron en el Distrito Federal. Y no es que no hubiera, sino que no se denunciaban, o de plano, no se daban a conocer para no manchar la imagen del Jefe de Gobierno.
En esta administración, salió a relucir la dupla Manuel Mondragón-Miguel Ángel Mancera (Secretario de Seguridad Pública y Procurador de Justicia del DF, respectivamente). La "eficacia" con la que colaboraron ambas dependencias parecía ser la panacea para combatir la inseguridad en tierras chilangas. Pero el sueño terminó cuando Enrique Peña Nieto nombró a Mondragón como Comisionado Nacional de Seguridad (y lo volvió una nulidad), y Mancera llegó a la Jefatura de Gobierno.
La percepción de seguridad que se dio durante el tiempo de Ebrard al frente del GDF, se derrumbó el 1° de Diciembre de 2012, cuando se perpetraron actos vandálicos en la toma de protesta de Peña Nieto como Presidente de México. De ahí siguieron más tropiezos para la administración naciente -en ese entonces- de Miguel Ángel Mancera: una supuesta banda de canes que asesinaba personas en Iztapalapa, desapariciones de jóvenes en el Bar Heaven's de la Zona Rosa, un homicidio en un antro-bar de la Colonia Condesa, otro más en un gimnasio de Tepito; y últimamente, atracos a centros comerciales, hallazgo de personas muertas en maletas, y lo que continúe.
Mancera y su procurador, Rodolfo Ríos, han insistido hasta el cansancio que en la Ciudad de México no hay crimen organizado, que no existe inseguridad aquí. Los hechos, y las crónicas del día a día de varios capitalinos demuestran lo contrario. El Distrito Federal regresó a sus tiempos de antaño, a aquella ciudad temida por los visitantes. Así se está convirtiendo, y parece que Mancera no hará nada para detenerlo. La burbuja amarilla finalmente, se reventó. O ustedes, ¿qué opinan, amables lectores? Agradeceré sus comentarios.
POR FAVOR, LEER ESTO ANTES DE LAS ENTRADAS.
Este blog está abierto a cualquier comentario, opinión y demás que quieran expresar.
Sin embargo, ni blogspot.com, ni el autor de este blog serán responsables por deserción de carreras, mítines políticos, entre otras cosas más que pudieran desencadenarse por leer estas entradas.
Por su comprensión, gracias.
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sábado, 8 de febrero de 2014
domingo, 26 de enero de 2014
"Azul" tricolor: Misión 2018.
Bienvenidos a una nueva entrada, amables lectores. Con ésta, inicio el 2014 en este blog. Ahora trataré un tema que siempre da de qué hablar, por lo regular cada 6 años, aunque, como estamos en vísperas de elecciones intermedias, estará vigente durante 2014 y hasta mediados de 2015, cuando empiece a calentarse un poco más. Este tema es la sucesión presidencial de 2018.
Desde que Enrique Peña Nieto asumió la Presidencia de México en Diciembre de 2012, no pocas personas se han preguntado quién podría ser su sucesor. Y no es para menos. El primer año de la administración peñanietista, la primera tricolor en el siglo XXI después de los sexenios del PAN (2000-06 y 2006-12) ha sido muy criticada por la opinión pública, y ha dejado mucho a desear.
Pareciera que, como se vaticinaba desde que Peña era candidato, el PRI de antaño regresaría peor que como se fue, sólo con nuevas caras. La decepción de tener un presidente gris, un gabinete que no ha dado una sola noticia relevante, sino malas nuevas para la población, y la pasividad con la que se han tratado de resolver algunos problemas que se arrastran desde la administración de Felipe Calderón, son factores que podrían poner en riesgo al PRI en las elecciones del próximo año, y que le dejarían el camino muy complicado para 2018.
La sorpresa también ha sido que al interior del PRI no existe un candidato viable para darle continuidad a los sexenios priistas del siglo XXI.
Se esperaba que, tal como sucediera con Peña Nieto, su sucesor en el Estado de México, Eruviel Ávila, tendría posibilidades de llegar a Los Pinos en 2018. El problema es que el sexenio de Ávila termina en 2017, y, además, a diferencia de Peña, Eruviel no tiene el arrastre que llegó a tener en su momento el ahora Presidente de México. Mantenerse vigente durante casi un año, es una labor difícil para casi cualquier político en México. Y Eruviel Ávila no es la excepción.
Sin embargo, durante 2013, hubo un chamaquillo que estuvo haciendo ruido en su estado (Chiapas) y en otros más (llámese Distrito Federal), anunciando con bombo y platillo los logros que, a su juicio, ha realizado en su primer año al frente del gobierno chiapaneco. Este escuinclito se llama Manuel Velasco Coello, y es el Gobernador de Chiapas durante el sexenio 2012-18.
Pero por más que pudiera promoverse hasta donde no tiene por qué, el hecho es que su llama se apagó muy rápido. Justamente su promoción tan grosera que hizo en espectaculares, prensa, radio y televisión, hizo que todo el país volteara hacia Chiapas, pero no para ver qué hace el Gobernador, sino para darse cuenta que sigue siendo un estado en condiciones paupérrimas, y que esta administración no está haciendo nada por rescatarlo.
Mientras las apuestas siguen calientes por saber quién será el próximo tricolor que pudiera suceder a Peña Nieto, hay un mandatario estatal que, desde que inició su gobierno en 2011, ha estado poco a poco pujando por ser el próximo presidente de México. De raíz priista, fue una alianza lo que lo impulsó para la gobernación de su entidad para el sexenio 2011-2017. Contra todo pronóstico, ganó las elecciones de 2010 que lo encumbraron hacia Casa Puebla, donde despacha actualmente. Él es Rafael Moreno-Valle Rosas, el gobernador poblano, quien, de forma silenciosa, y sin que la gente realmente se percate de ello, se ha estado colando en cuanto medio puede, para hacer visible su persona (independientemente de que se promocione a Puebla). Se dice que él buscaría la candidatura en 2018 por parte del PAN, aunque no está definido del todo.
Finalmente, el partido que aún no brilla en la carrera por 2018 es el PRD. Pareciera que el momento de Marcelo Ebrard se fue con el 2012, y que López Obrador, ya con su nuevo movimiento, podría tener una elección considerable, que le robaría muchos votos al sol azteca.
Si la batalla se diera entre Moreno-Valle y Eruviel Ávila, quizá quien ganaría sería el primero, aunque enfrentarse a los estados del centro del país, supone derrumbar bastiones del PRI y del PRD. Pero aún con ello, si Eruviel Ávila se postulara, quizá no tendría tanto arrastre en algunas otras entidades del propio centro (principalmente, Distrito Federal y Morelos).
Todavía hay mucho tiempo para saber cómo se definirán las candidaturas de todos los partidos. Pero pudiera ser un hecho que el próximo sexenio no vaya a pintarse de tres colores, como el actual. O ustedes, ¿qué opinan, amables lectores? Agradeceré sus comentarios.
Desde que Enrique Peña Nieto asumió la Presidencia de México en Diciembre de 2012, no pocas personas se han preguntado quién podría ser su sucesor. Y no es para menos. El primer año de la administración peñanietista, la primera tricolor en el siglo XXI después de los sexenios del PAN (2000-06 y 2006-12) ha sido muy criticada por la opinión pública, y ha dejado mucho a desear.
Pareciera que, como se vaticinaba desde que Peña era candidato, el PRI de antaño regresaría peor que como se fue, sólo con nuevas caras. La decepción de tener un presidente gris, un gabinete que no ha dado una sola noticia relevante, sino malas nuevas para la población, y la pasividad con la que se han tratado de resolver algunos problemas que se arrastran desde la administración de Felipe Calderón, son factores que podrían poner en riesgo al PRI en las elecciones del próximo año, y que le dejarían el camino muy complicado para 2018.
La sorpresa también ha sido que al interior del PRI no existe un candidato viable para darle continuidad a los sexenios priistas del siglo XXI.
Se esperaba que, tal como sucediera con Peña Nieto, su sucesor en el Estado de México, Eruviel Ávila, tendría posibilidades de llegar a Los Pinos en 2018. El problema es que el sexenio de Ávila termina en 2017, y, además, a diferencia de Peña, Eruviel no tiene el arrastre que llegó a tener en su momento el ahora Presidente de México. Mantenerse vigente durante casi un año, es una labor difícil para casi cualquier político en México. Y Eruviel Ávila no es la excepción.
Sin embargo, durante 2013, hubo un chamaquillo que estuvo haciendo ruido en su estado (Chiapas) y en otros más (llámese Distrito Federal), anunciando con bombo y platillo los logros que, a su juicio, ha realizado en su primer año al frente del gobierno chiapaneco. Este escuinclito se llama Manuel Velasco Coello, y es el Gobernador de Chiapas durante el sexenio 2012-18.
Pero por más que pudiera promoverse hasta donde no tiene por qué, el hecho es que su llama se apagó muy rápido. Justamente su promoción tan grosera que hizo en espectaculares, prensa, radio y televisión, hizo que todo el país volteara hacia Chiapas, pero no para ver qué hace el Gobernador, sino para darse cuenta que sigue siendo un estado en condiciones paupérrimas, y que esta administración no está haciendo nada por rescatarlo.
Mientras las apuestas siguen calientes por saber quién será el próximo tricolor que pudiera suceder a Peña Nieto, hay un mandatario estatal que, desde que inició su gobierno en 2011, ha estado poco a poco pujando por ser el próximo presidente de México. De raíz priista, fue una alianza lo que lo impulsó para la gobernación de su entidad para el sexenio 2011-2017. Contra todo pronóstico, ganó las elecciones de 2010 que lo encumbraron hacia Casa Puebla, donde despacha actualmente. Él es Rafael Moreno-Valle Rosas, el gobernador poblano, quien, de forma silenciosa, y sin que la gente realmente se percate de ello, se ha estado colando en cuanto medio puede, para hacer visible su persona (independientemente de que se promocione a Puebla). Se dice que él buscaría la candidatura en 2018 por parte del PAN, aunque no está definido del todo.
Finalmente, el partido que aún no brilla en la carrera por 2018 es el PRD. Pareciera que el momento de Marcelo Ebrard se fue con el 2012, y que López Obrador, ya con su nuevo movimiento, podría tener una elección considerable, que le robaría muchos votos al sol azteca.
Si la batalla se diera entre Moreno-Valle y Eruviel Ávila, quizá quien ganaría sería el primero, aunque enfrentarse a los estados del centro del país, supone derrumbar bastiones del PRI y del PRD. Pero aún con ello, si Eruviel Ávila se postulara, quizá no tendría tanto arrastre en algunas otras entidades del propio centro (principalmente, Distrito Federal y Morelos).
Todavía hay mucho tiempo para saber cómo se definirán las candidaturas de todos los partidos. Pero pudiera ser un hecho que el próximo sexenio no vaya a pintarse de tres colores, como el actual. O ustedes, ¿qué opinan, amables lectores? Agradeceré sus comentarios.
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De Política y monerías.,
Elecciones 2018.
sábado, 31 de agosto de 2013
¿Decidiendo Juntos?
Bienvenidos a una nueva entrada en el blog, amables lectores. Ahora les comentaré sobre una situación que se ha dado en la Ciudad de México desde tiempo atrás, pero que pareciera que se ha salido de control en los últimos días: las marchas y plantones, específicamente, los ocasionados por los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).
Durante Agosto de este año, se puso de moda el tema educativo. Y no sólo por los errores de ortografía que tienen los libros de texto gratuitos que se repartieron en las escuelas del país (que, dicho sea de paso, no todos los errores que pasaron en la televisión lo son). No. El tema fue la reforma educativa que se ha planteado en el Congreso de la Unión y que el Poder Ejecutivo ha dicho que prosperará.
Entre la temática que toca esta reforma educativa está la evaluación de los profesores. A ello, el SNTE (el sindicato de profesores, otrora imperio de Elba Esther Gordillo), se adhirió diciendo que estaría dispuesto a acatar la ley. Sin embargo, la CNTE no accedió a ello, y, como siempre, determinó suspender las clases en varias escuelas de Oaxaca, Guerrero y Michoacán. Posteriormente, se uniría Chiapas, aunque en este último caso, el gobierno estatal condicionó a los miembros de la CNTE que intentaran hacer bloqueos o no comenzar el ciclo escolar 2013-2014, dándoles un ultimátum de que o regresaban a las aulas o se les descontaría su salario.
Siendo el Distrito Federal sede de los Poderes de la Unión, tiene dentro de su territorio muchas dependencias gubernamentales, destacando la Residencia Oficial de Los Pinos (casa y oficinas del Presidente de la República), así como las Cámaras de Diputados y Senadores. Justamente estas últimas fueron el blanco de los maestros de la CNTE.
No es de extrañar que en una típica postal chilanga, aparezca el Zócalo de la capital atestado de gente y campamentos improvisados. Estos días no ha sido la excepción. Los miembros de la Coordinadora han invadido esta plaza prácticamente en sus cuatro puntos cardinales. Las casas de campaña invaden la planta baja del antiguo Palacio del Ayuntamiento de la Ciudad, hoy sede del Gobierno del Distrito Federal; invaden también el frente del Palacio Nacional y la Suprema Corte de Justicia, además de un costado de la Catedral Metropolitana. Es decir, invaden tanto poder político como religioso de esta capital.
Ahí formaron su centro de operaciones. Y el detonante fue una protesta violenta que se dio en la Cámara de Diputados durante la segunda mitad de Agosto de 2013. Pero el cálculo de los costos de los actos vandálicos de poco sirvió. Ni el GDF ni el Gobierno Federal quisieron hacer algo. Del Zócalo, después partirían los de la Coordinadora hacia Televisa, TV Azteca, la Bolsa Mexicana de Valores, etc., desquiciando el tráfico de esta ya congestionadísima Ciudad de México. Y aún con eso, pareciera que no existe autoridad alguna que gobierne o que auxilie a todos aquellos que tenían que llegar a tiempo a sus labores, a sus centros de estudio o simplemente, a sus casas.
Aunque las manifestaciones han sido una de las características -quizá no tan grata- de la capital de la República, lo que ha sucedido en los últimos días ha polarizado a la opinión pública. Mientras unos defienden a quienes supuestamente se parten el lomo dando clases (aunque estén en paro), otros han demostrado ya su descontento con las acciones -o indiferencia- que ha tenido el Gobierno del Distrito Federal y el del propio Peña Nieto para controlar las marchas y los bloqueos que ha habido a puntos estratégicos de la actividad no sólo de la antigua Tenochtitlan, sino del país entero (cabe señalar que el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México fue sitiado también por estas personas).
El eslogan de la administración de Miguel Ángel Mancera, Decidiendo Juntos, prácticamente se ha quedado arrumbado en algún cajón de la oficina del Jefe de Gobierno. No ha podido o no ha querido intervenir en las marchas, argumentando que "es el costo que debemos asumir por vivir en la Ciudad de México", y erigiéndose como el mediador entre la Federación (cosa que no le competería) y los revoltosos. Pero controlar las marchas y garantizar el libre paso a todos, incluyendo a quienes viven en el Distrito Federal, no se remite únicamente a dialogar y revisar todo desde el escritorio. Las acciones de mediación incluyen la negociación y también la acción, y en esto último, al parecer, nadie quiere entrar.
Ustedes, ¿qué opinan, amables lectores? ¿Están a favor o en contra de tantas manifestaciones que han sacado de quicio a la capital de México? ¿Cuál es su postura ante las marchas y los bloqueos no sólo en el Distrito Federal, sino en general? Agradeceré sus comentarios.
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De Política y monerías.,
Gobierno ineficiente.,
La Capital.
lunes, 5 de agosto de 2013
Educación... ¿de puertas abiertas?
Bienvenidos a una nueva entrada en este blog, amables lectores. En esta ocasión, trataré un tema que continuamente está en boca de toda la opinión pública, y que pareciera que no es importante para ninguna administración gubernamental: la educación.
Principio haciendo una diferencia entre la educación y la instrucción. A raíz de la fundación de la Secretaría de Educación Pública (SEP), el primer término se ligó al conocimiento que reciben las personas en las aulas de clase mediante los profesores (ahora llamados ellos mismos como facilitadores). Sin embargo, educar involucra también la labor que se realiza en las casas para conducirse con ética (principalmente) ante la sociedad, además de los valores que se inculcan para ser personas de bien. En cambio, la instrucción es la que hace referencia justamente a todo lo que se aprende en la escuela, y que da las herramientas para continuar con el cultivo intelectual de las personas.
En estos últimos días, este tema volvió a estar en la mira. Y es que existe una alarmante cifra de que cerca de mil 800 jóvenes desertan del bachillerato. La Constitución ha establecido que este nivel escolar ya es obligatorio. Pero la realidad dista mucho de concordar con lo que las leyes dicen.
Es cierto que esa cantidad de chicos que se van de las escuelas diariamente (en promedio) es escandalosa y a la vez, preocupante. Sin embargo, los planes emergentes que la propia SEP ha implementado no son la panacea para resolver el problema de deserción escolar.
En el caso de la educación superior, la SEP se vio en la necesidad de incrementar el número de lugares que se ofrecen en diversas instituciones (como la UNAM y el IPN, entre otras más) para que pudieran entrar más alumnos a diversas carreras de su interés. Pero ello tampoco es una solución que pudiera prevenir que dejen sus estudios durante el transcurso de la carrera.
En el afán de hacer valer la Constitución, este 2013 sucedió una cosa inédita: que un chico que sólo respondió una pregunta (de 128) de una prueba para ingresar al bachillerato, pronto podrá entrar a este nivel académico, junto con otros miles de jóvenes que se prepararon meses para ese examen y que lograron responder bien la mayoría de los reactivos.
La cuestión, al igual que se planteó unos párrafos antes, no es el hecho de que este muchacho acceda o no al bachillerato. Sería una buena noticia si es que realmente fuera un estudiante que aprovechará la oportunidad que se le está dando. Si no es así, volveremos al punto que siempre ha sido la espina clavada de la instrucción (mas no educación) en México: la calidad.
La frustración de aquellos que se prepararon días y noches enteros para quedarse en los planteles de su elección y no lograr un lugar, resulta lógica al saber que hay otros más que no hicieron el menor esfuerzo para ingresar a una institución educativa.
Los motivos de deserción escolar pueden ser variados: desde económicos hasta sociales. En la cuestión económica, sobra decir cuáles son. En lo social, va desde el entorno familiar hasta el de las amistades. Sin embargo, también entra la decisión personal de cada individuo de continuar o no con los estudios.
Atender todos los factores que inciden para que alguien acceda a la instrucción y termine desertando, es una labor compleja que no sólo requiere apoyo gubernamental, sino de otro orden. Lo que no se debería hacer sólo por obligación constitucional es permitir el ingreso a instituciones de educación a aquellos que no aprovecharán su lugar, y negárselo a quienes están absolutamente preparados. O ustedes, ¿qué opinan, amables lectores? Agradeceré sus comentarios.
Principio haciendo una diferencia entre la educación y la instrucción. A raíz de la fundación de la Secretaría de Educación Pública (SEP), el primer término se ligó al conocimiento que reciben las personas en las aulas de clase mediante los profesores (ahora llamados ellos mismos como facilitadores). Sin embargo, educar involucra también la labor que se realiza en las casas para conducirse con ética (principalmente) ante la sociedad, además de los valores que se inculcan para ser personas de bien. En cambio, la instrucción es la que hace referencia justamente a todo lo que se aprende en la escuela, y que da las herramientas para continuar con el cultivo intelectual de las personas.
En estos últimos días, este tema volvió a estar en la mira. Y es que existe una alarmante cifra de que cerca de mil 800 jóvenes desertan del bachillerato. La Constitución ha establecido que este nivel escolar ya es obligatorio. Pero la realidad dista mucho de concordar con lo que las leyes dicen.
Es cierto que esa cantidad de chicos que se van de las escuelas diariamente (en promedio) es escandalosa y a la vez, preocupante. Sin embargo, los planes emergentes que la propia SEP ha implementado no son la panacea para resolver el problema de deserción escolar.
En el caso de la educación superior, la SEP se vio en la necesidad de incrementar el número de lugares que se ofrecen en diversas instituciones (como la UNAM y el IPN, entre otras más) para que pudieran entrar más alumnos a diversas carreras de su interés. Pero ello tampoco es una solución que pudiera prevenir que dejen sus estudios durante el transcurso de la carrera.
En el afán de hacer valer la Constitución, este 2013 sucedió una cosa inédita: que un chico que sólo respondió una pregunta (de 128) de una prueba para ingresar al bachillerato, pronto podrá entrar a este nivel académico, junto con otros miles de jóvenes que se prepararon meses para ese examen y que lograron responder bien la mayoría de los reactivos.
La cuestión, al igual que se planteó unos párrafos antes, no es el hecho de que este muchacho acceda o no al bachillerato. Sería una buena noticia si es que realmente fuera un estudiante que aprovechará la oportunidad que se le está dando. Si no es así, volveremos al punto que siempre ha sido la espina clavada de la instrucción (mas no educación) en México: la calidad.
La frustración de aquellos que se prepararon días y noches enteros para quedarse en los planteles de su elección y no lograr un lugar, resulta lógica al saber que hay otros más que no hicieron el menor esfuerzo para ingresar a una institución educativa.
Los motivos de deserción escolar pueden ser variados: desde económicos hasta sociales. En la cuestión económica, sobra decir cuáles son. En lo social, va desde el entorno familiar hasta el de las amistades. Sin embargo, también entra la decisión personal de cada individuo de continuar o no con los estudios.
Atender todos los factores que inciden para que alguien acceda a la instrucción y termine desertando, es una labor compleja que no sólo requiere apoyo gubernamental, sino de otro orden. Lo que no se debería hacer sólo por obligación constitucional es permitir el ingreso a instituciones de educación a aquellos que no aprovecharán su lugar, y negárselo a quienes están absolutamente preparados. O ustedes, ¿qué opinan, amables lectores? Agradeceré sus comentarios.
sábado, 1 de junio de 2013
Apagón... ¿de la televisión?
Bienvenidos a una nueva entrada en este blog, amables lectores.
Durante esta última semana de Mayo, se presentó un tema que, aunque se había anunciado desde mucho tiempo atrás, generó malestar entre un sector de la población, específicamente, de la ciudad de Tijuana, en Baja California. Este tema es el apagón analógico, de lo que trataré en este post.
En el sexenio de Felipe Calderón, se anunció que México entraría ya a la era digital con la transición de la televisión análoga a la digital. La radio ya estaba haciendo su parte, y en algunas ciudades del país, la Amplitud Modulada (AM) ya dejó de existir, para consolidar la Frecuencia Modulada (FM) y también a la radio digital. Pero la televisión se estaba quedando rezagada.
Por esa razón, el Gobierno Federal que encabezaba el propio Calderón, acordó con varios empresarios dedicados al sector de las comunicaciones que llegaría el momento en que México tuviera, por necesidad, que entrar al apagón analógico, que desde casi inicios del siglo XXI, se ha presentado ya en varios países. Las fechas en las que se daría ese cambio se fijaron entre 2014 y 2015.
Pero la Comisión Federal de Telecomunicaciones (COFETEL) le dio una sorpresa a los habitantes de Tijuana, una de las ciudades más importantes del estado de Baja California, al suspender la transmisión de la señal análoga de televisión. Quienes poseen una pantalla moderna, no tuvieron que batallar con ese cambio, debido a que cuentan ya con la señal digital a través de dichos receptores. Sin embargo, eso no sucedió con una gran parte de la población tijuanense.
La polémica de este tema se centró en el hecho del amarillismo con el que se trató la noticia en algunos medios de comunicación. Pero más allá de ello, hay que tomar en cuenta varios factores que inciden para que un total apagón analógico perjudique más que beneficiar a la población no sólo de Tijuana, sino del país en general.
El primero es que, aunque haya noticias alentadoras sobre la situación de México en cuestión de pobreza o desempleo (siempre comparando nuestro país con España, Grecia o más recientemente, Italia), la realidad es que hay millones de mexicanos en diversos niveles de pobreza. Ello también conlleva a que ese sector no tenga acceso a la educación, debido a su falta de recursos para cubrir los gastos mínimos que requieren hasta las escuelas públicas.
Curiosamente, dentro del primer factor, toqué otro más: el desempleo, aunque más bien sería el empleo mal pagado. Hay personas que ganan apenas el salario mínimo diario (que varía según la región del país), y que sólo les alcanza para cubrir sus necesidades básicas; y en algunos casos, ni siquiera eso. Así que si lograron hacerse de un televisor, quizá fue porque sacrificaron dinero para comer, o porque alguien les hizo una donación, o por cualquier otro método. Pensar en comprar una pantalla de $ 4,000 (mínimo) a pagar en abonos chiquitos, es simplemente imposible.
Una crítica e invitación (a la vez) que se hace, quizá sin conocer la realidad de otros estados de la República, es la de decir que México es un país de gente inculta, y que la televisión pudre el cerebro. Crítica por la tesis que mencioné unas líneas antes. Invitación porque se ha puesto de moda que varios chavillos nice alienten a la población en general a leer, a visitar museos, a comer en diferentes restaurantes; en pocas palabras, a sentirse intelectual.
Ello estaría bien si fuéramos un país de primer mundo, y donde los niveles de pobreza no alcanzaran casi a la mitad de la población. Pero la realidad mexicana es la segunda. Y por los factores que expuse anteriormente, es difícil que la gente humilde pueda acceder a la cultura o a la información que brindan espacios como el internet o los periódicos. Por eso es que encuentran momentos de solaz en la televisión, otros más, en la radio, los únicos medios gratuitos.
El apagón analógico va más allá de saber si la gente sintonizaba Televisa o TV Azteca, y también pasa el umbral de las críticas que se hacen desde una latitud muy remota a Tijuana (principalmente, el Distrito Federal): ha puesto al descubierto la enorme desigualdad no sólo económica, sino social, que sigue sufriendo este país, en donde mientras unos avanzan tecnológica y culturalmente, otros se quedan al margen o simplemente relegados del desarrollo.
O ustedes, amables lectores, ¿qué opinan? Agradeceré sus comentarios.
Durante esta última semana de Mayo, se presentó un tema que, aunque se había anunciado desde mucho tiempo atrás, generó malestar entre un sector de la población, específicamente, de la ciudad de Tijuana, en Baja California. Este tema es el apagón analógico, de lo que trataré en este post.
En el sexenio de Felipe Calderón, se anunció que México entraría ya a la era digital con la transición de la televisión análoga a la digital. La radio ya estaba haciendo su parte, y en algunas ciudades del país, la Amplitud Modulada (AM) ya dejó de existir, para consolidar la Frecuencia Modulada (FM) y también a la radio digital. Pero la televisión se estaba quedando rezagada.
Por esa razón, el Gobierno Federal que encabezaba el propio Calderón, acordó con varios empresarios dedicados al sector de las comunicaciones que llegaría el momento en que México tuviera, por necesidad, que entrar al apagón analógico, que desde casi inicios del siglo XXI, se ha presentado ya en varios países. Las fechas en las que se daría ese cambio se fijaron entre 2014 y 2015.
Pero la Comisión Federal de Telecomunicaciones (COFETEL) le dio una sorpresa a los habitantes de Tijuana, una de las ciudades más importantes del estado de Baja California, al suspender la transmisión de la señal análoga de televisión. Quienes poseen una pantalla moderna, no tuvieron que batallar con ese cambio, debido a que cuentan ya con la señal digital a través de dichos receptores. Sin embargo, eso no sucedió con una gran parte de la población tijuanense.
La polémica de este tema se centró en el hecho del amarillismo con el que se trató la noticia en algunos medios de comunicación. Pero más allá de ello, hay que tomar en cuenta varios factores que inciden para que un total apagón analógico perjudique más que beneficiar a la población no sólo de Tijuana, sino del país en general.
El primero es que, aunque haya noticias alentadoras sobre la situación de México en cuestión de pobreza o desempleo (siempre comparando nuestro país con España, Grecia o más recientemente, Italia), la realidad es que hay millones de mexicanos en diversos niveles de pobreza. Ello también conlleva a que ese sector no tenga acceso a la educación, debido a su falta de recursos para cubrir los gastos mínimos que requieren hasta las escuelas públicas.
Curiosamente, dentro del primer factor, toqué otro más: el desempleo, aunque más bien sería el empleo mal pagado. Hay personas que ganan apenas el salario mínimo diario (que varía según la región del país), y que sólo les alcanza para cubrir sus necesidades básicas; y en algunos casos, ni siquiera eso. Así que si lograron hacerse de un televisor, quizá fue porque sacrificaron dinero para comer, o porque alguien les hizo una donación, o por cualquier otro método. Pensar en comprar una pantalla de $ 4,000 (mínimo) a pagar en abonos chiquitos, es simplemente imposible.
Una crítica e invitación (a la vez) que se hace, quizá sin conocer la realidad de otros estados de la República, es la de decir que México es un país de gente inculta, y que la televisión pudre el cerebro. Crítica por la tesis que mencioné unas líneas antes. Invitación porque se ha puesto de moda que varios chavillos nice alienten a la población en general a leer, a visitar museos, a comer en diferentes restaurantes; en pocas palabras, a sentirse intelectual.
Ello estaría bien si fuéramos un país de primer mundo, y donde los niveles de pobreza no alcanzaran casi a la mitad de la población. Pero la realidad mexicana es la segunda. Y por los factores que expuse anteriormente, es difícil que la gente humilde pueda acceder a la cultura o a la información que brindan espacios como el internet o los periódicos. Por eso es que encuentran momentos de solaz en la televisión, otros más, en la radio, los únicos medios gratuitos.
El apagón analógico va más allá de saber si la gente sintonizaba Televisa o TV Azteca, y también pasa el umbral de las críticas que se hacen desde una latitud muy remota a Tijuana (principalmente, el Distrito Federal): ha puesto al descubierto la enorme desigualdad no sólo económica, sino social, que sigue sufriendo este país, en donde mientras unos avanzan tecnológica y culturalmente, otros se quedan al margen o simplemente relegados del desarrollo.
O ustedes, amables lectores, ¿qué opinan? Agradeceré sus comentarios.
sábado, 27 de abril de 2013
Peña Nieto y Mancera: ¿los ocasos de sus partidos? Parte II.
Bienvenidos a una nueva entrada en el blog, amables lectores. En la última ocasión, inicié con el análisis de los gobiernos de Enrique Peña Nieto y di paso al de Miguel Ángel Mancera, los dos hombres con mayor relevancia a nivel político nacional. En este nuevo post, toca el turno justamente al Jefe de Gobierno del DF, que ha sido objeto de controversia desde que fue electo como candidato hasta ahora que ya tiene las riendas de la administración de la capital de la República Mexicana.
Durante el último tramo del sexenio de Marcelo Ebrard, el otrora mejor alcalde del mundo, la izquierda (llámese PRD) del Distrito Federal, preparaba ya a sus mejores cartas para continuar en el poder de la Ciudad de México. Los aspirantes no faltaron. Estuvieron, entre la larga lista, Alejandra Barrales (quien fuera diputada en la Asamblea Legislativa), Mario Delgado (Secretario de Educación del DF), Carlos Navarrete (Senador por el DF de 2006 a 2012), Alejandro Rojas Díaz-Durán (Secretario de Turismo del DF), y poco sonado, pero constante en la carrera, Miguel Ángel Mancera (Procurador de Justicia de la capital). Entre otros más, estuvieron Martí Batres y Gerardo Fernández Noroña.
La balanza parecía inclinarse hacia Mario Delgado, quien parecía el delfín de Marcelo Ebrard. La fórmula hubiese quedado así: Ebrard sería candidato a la Presidencia, mientras podía controlar, de ganar las elecciones, el DF a través de Delgado.
Ni una ni otra situación se dio. En una consulta que realizó el PRD para definir a su candidato a la Presidencia, el Jefe de Gobierno perdió frente a su casi antecesor, Andrés Manuel López Obrador, quien finalmente contendió por el Sol Azteca contra Josefina Vázquez Mota (del PAN), Enrique Peña Nieto (del PRI) y Gabriel Quadri (del PANAL).
Y en el DF, se desvanecían también las ilusiones de seguir controlando la vida política de la antigua Tenochtitlan. La caballada que llegó al final para decidir quién sería el candidato a la Jefatura de Gobierno del DF, decidió hacerse a un lado frente a la apabullante fama del Procurador Mancera. Con la venia de todos los perredistas (algunos, a regañadientes), Miguel Ángel Mancera se convertiría en el elegido de los amarillos.
En los debates que se realizaron con los demás competidores para llegar a dirigir el Distrito Federal, Mancera tuvo una participación muy débil, no lograba convencer con las ideas que traía, y las candidatas del PAN, PANAL y PRI lo dejaban rezagado en ciertos tópicos que abordaba. Aún así, el 1° de Julio de 2012, con una votación de más del 66 %, Mancera se convirtió en el cuarto Jefe de Gobierno del DF electo por la ciudadanía (aunque ha habido más, ni Rosario Robles ni Alejandro Encinas fueron elegidos por la gente, sino impuestos para terminar las administraciones de Cuauhtémoc Cárdenas [1997-2000] y Andrés Manuel López Obrador [2000-2006], respectivamente).
El 5 de Diciembre de 2012, y después de un día de desestabilización social (el 1° de ese mes), Miguel Ángel Mancera tomaría protesta como Jefe de Gobierno, dejando claro desde el inicio, que tendría una relación institucional -y casi cercana- con la Presidencia de la República, misma que no se había dado ya desde el sexenio de Vicente Fox teniendo a López Obrador y después a Encinas en el DF, ni mucho menos con Felipe Calderón y Marcelo Ebrard. Ello le valió el reproche del ala más radical del PRD en la capital, que no reconoce el triunfo de Peña Nieto y que ve un gran riesgo de doblegar el gobierno local de la ciudad ante el federal priista.
Durante los primeros meses de 2013, Mancera daría su primer punto en contra: la supresión de las playas artificiales, que el carnal Marcelo había hecho populares y que le habían dado gran fama entre la población que no tenía la posibilidad de salir del Distrito Federal en temporada de vacaciones. Ello le valió un cierto repudio en los sectores populares de la Ciudad.
Al momento de dar a conocer su gabinete, el nuevo Jefe de Gobierno se dio otro knock out al presentar la nueva Agencia de Gestión Urbana, misma que, hasta la fecha, no se sabe cuál es su función, y que algunos Jefes Delegacionales han puesto en duda debido a que les quitaría autoridad y autonomía dentro de sus demarcaciones.
La cereza del pastel la dio durante los primeros días de Abril. En plena Semana Santa, se anunció el incremento de $ 1.00 a la tarifa de los transportes públicos (autobuses, microbuses y vagonetas, principalmente), y un pequeño ajuste a la de los taxis. Ello enfureció a la mayoría de la población capitalina que demanda mejor servicio en el rubro, sin que hasta el momento, haya una diferencia.
Si la Procuraduría del Estado de México en 2010 con el caso Paulette había sido burda, ineficiente e inútil en cómo concluyó el caso, la del DF le ganó, puesto que a inicios de 2013 se abrió una averiguación en contra de una pandilla de canes (perros) que supuestamente habrían asesinado a varias personas en el Cerro de la Estrella, en Iztapalapa. Ese fue otro tropezón en los meses que lleva Mancera al frente de la capital.
Lo más reciente ha sido la indiferencia del Gobierno del Distrito Federal para cooperar con la UNAM para actuar en contra de los vándalos que mantienen cercado el edificio de la Rectoría, en la Ciudad Universitaria, y que está en riesgo de perder el título de Patrimonio de la Humanidad, que la UNESCO le otorgó en 2010.
La administración Mancera ha iniciado quizá con el pie izquierdo, y abre la posibilidad de que el DF deje de ser amarillo para la próxima administración. ¿Qué opinan ustedes, amables lectores? Agradeceré sus comentarios.
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La Capital.
lunes, 8 de abril de 2013
Peña Nieto y Mancera: ¿los ocasos de sus partidos? Parte I.
Bienvenidos a una nueva entrada en este blog, amables lectores. Inicio con ella el mes de Abril de 2013, y les contaré sobre dos hombres gobernantes de México (el uno, de la República y el otro, de la capital del país) que tal vez sean el declive de los partidos políticos que los postularon en las pasadas elecciones de 2012 y que le den paso a la alternancia política en el ámbito federal y en la Ciudad de México. Inicio, pues, con la entrada.
Durante los primeros días de 2013, a casi un mes de que tomara posesión de la Presidencia de México, Enrique Peña Nieto tenía ya en puerta sus primeros desafíos. Entre ellos, se encontraba la aprobación de varias reformas que quedaron congeladas durante el sexenio de Felipe Calderón y a las que justamente el partido que postuló a Peña, el PRI, no quiso darles luz verde.
Pero tenía una tarea más difícil: legitimar su elección. Aunque la de 2012 fue diferente a la votación de 2006, donde Andrés Manuel López Obrador quedó por apenas un porcentaje mínimo debajo de Felipe Calderón, los millones de sufragios que hicieron ganar a Peña Nieto nunca fueron aceptados por una gran parte de la población, y la tensión social que se dio después de la jornada electoral de Julio de 2012 hasta la toma de protesta presidencial, el 1° de Diciembre del mismo año, hicieron que el nuevo gobierno tuviera que plantearse la manera de estabilizar dicha situación.
Quizá más a fuerza que por propia voluntad, la naciente administración priista se sujetaría a una nueva manera de cooperación política: el Pacto por México, protagonizado por el propio PRI, el PAN y el PRD, los tres principales partidos. Aunque a esta coalición prácticamente de facto estuvo invitado López Obrador, no quiso ser partícipe de la misma.
Desde enero hasta la fecha, se aprobaron reformas en materia fiscal, penal, educativa y se sigue analizando la que refiere a las telecomunicaciones. Pero quizá los dos puntos neurales de estos primeros meses de la administración peñanietista fueron la explosión que se dio en la Torre Ejecutiva de Petróleos Mexicanos en la Ciudad de México, y el encarcelamiento de la otrora líder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), Elba Esther Gordillo.
Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas en los pocos meses que lleva la administración de Enrique Peña Nieto. La aprobación de la reforma educativa (que no se quiso llevar a cabo en el gobierno de Felipe Calderón) sigue teniendo a un gremio polarizado: el magisterio. Aún los miembros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), antagonista del SNTE, continúan contra cualquier acción gubernamental que supuestamente atente contra sus derechos. Al parecer, la respuesta de Peña Nieto, vía el Secretario de Educación, Emilio Chuayffet, ha sido de no doblegarse, quizá tal como lo hizo ya el Gobernador de Oaxaca, Gabino Cué, quien ofreció una contrarreforma.
A ello se le suma la difusa Cruzada Nacional contra el Hambre, que emprendiera la Secretaría de Desarrollo Social, que dirige Rosario Robles (ex Jefa de Gobierno del Distrito Federal), y que curiosamente excluyera a varios de los municipios más pobres del país. Hasta el momento, no se ha sabido de los resultados o alcances que podría tener dicha acción gubernamental.
Otro punto que hasta el momento no se ha combatido en los meses que lleva al frente del Ejecutivo Federal Enrique Peña Nieto, es la inseguridad. Hay quienes opinan que el hecho de que el mexiquense tenga apenas menos de un año en la Presidencia es factor para que no haya avances o retrocesos palpables en el rubro. Incluso, hasta Javier Sicilia, uno de los más criticados activistas sociales, le ha dado un año de gracia al mandatario. Sin embargo, la realidad es que no existe todavía una dirección concreta que pueda ir cambiando la percepción de la sociedad respecto a la inseguridad.
Van más de 100 días de gobierno de Enrique Peña y aún no existen, fuera del papel o del diálogo simple, acciones que pudieran determinar el sello de esta administración. De continuar así, se podría cumplir la suposición de que este será un sexenio tricolor de transición y que en 2018 podría regresar el PAN o, tal vez, dársele la oportunidad a la izquierda de llegar a la Presidencia de la República. En la segunda parte analizaremos el inicio del mandato de Miguel Ángel Mancera, Jefe de Gobierno del Distrito Federal.
Mientras, amables lectores, ¿qué opinan de Peña Nieto? Agradeceré sus comentarios.
Durante los primeros días de 2013, a casi un mes de que tomara posesión de la Presidencia de México, Enrique Peña Nieto tenía ya en puerta sus primeros desafíos. Entre ellos, se encontraba la aprobación de varias reformas que quedaron congeladas durante el sexenio de Felipe Calderón y a las que justamente el partido que postuló a Peña, el PRI, no quiso darles luz verde.
Pero tenía una tarea más difícil: legitimar su elección. Aunque la de 2012 fue diferente a la votación de 2006, donde Andrés Manuel López Obrador quedó por apenas un porcentaje mínimo debajo de Felipe Calderón, los millones de sufragios que hicieron ganar a Peña Nieto nunca fueron aceptados por una gran parte de la población, y la tensión social que se dio después de la jornada electoral de Julio de 2012 hasta la toma de protesta presidencial, el 1° de Diciembre del mismo año, hicieron que el nuevo gobierno tuviera que plantearse la manera de estabilizar dicha situación.
Quizá más a fuerza que por propia voluntad, la naciente administración priista se sujetaría a una nueva manera de cooperación política: el Pacto por México, protagonizado por el propio PRI, el PAN y el PRD, los tres principales partidos. Aunque a esta coalición prácticamente de facto estuvo invitado López Obrador, no quiso ser partícipe de la misma.
Desde enero hasta la fecha, se aprobaron reformas en materia fiscal, penal, educativa y se sigue analizando la que refiere a las telecomunicaciones. Pero quizá los dos puntos neurales de estos primeros meses de la administración peñanietista fueron la explosión que se dio en la Torre Ejecutiva de Petróleos Mexicanos en la Ciudad de México, y el encarcelamiento de la otrora líder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), Elba Esther Gordillo.
Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas en los pocos meses que lleva la administración de Enrique Peña Nieto. La aprobación de la reforma educativa (que no se quiso llevar a cabo en el gobierno de Felipe Calderón) sigue teniendo a un gremio polarizado: el magisterio. Aún los miembros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), antagonista del SNTE, continúan contra cualquier acción gubernamental que supuestamente atente contra sus derechos. Al parecer, la respuesta de Peña Nieto, vía el Secretario de Educación, Emilio Chuayffet, ha sido de no doblegarse, quizá tal como lo hizo ya el Gobernador de Oaxaca, Gabino Cué, quien ofreció una contrarreforma.
A ello se le suma la difusa Cruzada Nacional contra el Hambre, que emprendiera la Secretaría de Desarrollo Social, que dirige Rosario Robles (ex Jefa de Gobierno del Distrito Federal), y que curiosamente excluyera a varios de los municipios más pobres del país. Hasta el momento, no se ha sabido de los resultados o alcances que podría tener dicha acción gubernamental.
Otro punto que hasta el momento no se ha combatido en los meses que lleva al frente del Ejecutivo Federal Enrique Peña Nieto, es la inseguridad. Hay quienes opinan que el hecho de que el mexiquense tenga apenas menos de un año en la Presidencia es factor para que no haya avances o retrocesos palpables en el rubro. Incluso, hasta Javier Sicilia, uno de los más criticados activistas sociales, le ha dado un año de gracia al mandatario. Sin embargo, la realidad es que no existe todavía una dirección concreta que pueda ir cambiando la percepción de la sociedad respecto a la inseguridad.
Van más de 100 días de gobierno de Enrique Peña y aún no existen, fuera del papel o del diálogo simple, acciones que pudieran determinar el sello de esta administración. De continuar así, se podría cumplir la suposición de que este será un sexenio tricolor de transición y que en 2018 podría regresar el PAN o, tal vez, dársele la oportunidad a la izquierda de llegar a la Presidencia de la República. En la segunda parte analizaremos el inicio del mandato de Miguel Ángel Mancera, Jefe de Gobierno del Distrito Federal.
Mientras, amables lectores, ¿qué opinan de Peña Nieto? Agradeceré sus comentarios.
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