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miércoles, 11 de enero de 2012

Estela de lo oneroso.

Bienvenidos a una nueva entrada en el blog, amables lectores. Esta vez, les comentaré acerca de un monumento que ha causado polémica desde su construcción hasta su inauguración y que debió ser el símbolo del Bicentenario de la Independencia de México: la "Estela de Luz".

Durante 2010, el Gobierno Federal, a cargo de Felipe Calderón, derrochó una cantidad importante de dinero en muchas obras y programas que estaban relacionados a los festejos de los 200 Años de la Independencia y los 100 de la Revolución Mexicana. Así pues, se pusieron en marcha el portal bicentenario.gob.mx (que ya no existe), el programa "México es mi Museo" (en donde si se enviaba un mensaje de texto vía celular o se marcaba una clave también por el dispositivo móvil, se accedería a información de ciertos monumentos históricos que están en el territorio nacional), y la construcción de la obra cumbre de dichos festejos: el Parque Guanajuato Bicentenario, del cual hablé en su momento en este blog y cuya inversión final, dividida entre el Gobierno del Estado de Guanajuato y el Federal propio, no fue lo suficientemente transparente (debido a que hubo discrepancia entre la cifra oficial, dada a conocer por el Coordinador para los Festejos del Bicentenario y Centenario, José Manuel Villalpando, y la que mencionaba el Gobernador Juan Manuel Oliva).

El Distrito Federal, que curiosamente no tiene tanta relevancia en la Independencia ni en la Revolución (puesto que la mayoría de las batallas y/o acuerdos de dichos momentos históricos se realizaron en otras entidades de la República), no se podía quedar al margen de la celebración. Así fue que se organizó un desfile descomunal el 15 de Septiembre de 2010, seguido de dos espectáculos de luces y sonido (el primero, el mismo día de la Independencia y el segundo, en Noviembre [denominado "Yo México"]). Además, a cargo del Gobierno del Distrito Federal, se remodeló la Plaza de la República, sede del Monumento a la Revolución, al cual se le adicionó un elevador que conduce desde el sótano hasta la cúpula de dicha construcción.

Sin embargo, faltaba la "joya de la corona" dentro de las celebraciones. Y el lugar elegido era nada más ni nada menos que la entrada histórica al Bosque de Chapultepec, en la Ciudad de México. Ahí se plantearía, en un principio, erigir un arco conmemorativo de la Independencia. Posteriormente, se decidió instalar algo similar a un obelisco, que pudiera tener luz.

Con una inversión cercana a los 500 millones de pesos, y con la consigna de que se utilizaran materiales mexicanos y fueran empresas nacionales las que construyeran el monumento, inició, en 2010, la edificación de la "Estela de Luz".

Pasó el año del Bicentenario y Centenario, y pareciera que la construcción quedaba en el olvido. Ya había un socavón en la Plaza Lieja, que sería el lugar definitivo de la Estela. Sin embargo, no existía la prisa -ni quizá el interés- por terminar la obra.

No fue sino hasta el segundo semestre de 2011 cuando reiniciaron las labores. Y a marchas forzadas, y de manera apresurada, se supondría que el 28 de Diciembre de ese año, debería quedar listo el monumento. Al ver que no se podía entregar en esa fecha, se postergó hasta el 31 su inauguración.

Finalmente, apenas el 4 de Enero de 2012, quince meses después de que debió haber quedado terminada la "Estela de Luz", fue inaugurada por el Presidente Felipe Calderón. La obra costó más de mil millones de pesos, el doble de lo que se tenía presupuestado.

A diferencia de lo que expresaría el propio Calderón de que sería un "monumento que nos identifica a los mexicanos", las protestas no se han hecho esperar. Y ahí, en medio de un rascacielo importante, opacada por el Ángel de la Independencia y la Diana Cazadora, permanece erguida la "Estela de Luz".

Ustedes, amables lectores, ¿qué opinan de ella? Agradeceré sus comentarios.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Por Mi Raza Hablará El Espíritu.

Bienvenidos a una entrada más en este blog, amables lectores. Este mes aún continuamos con la celebración del Bicentenario de la Independencia y próximamente habremos de conmemorar el Centenario de la Revolución. Pero curiosamente esta semana se celebra otro centenario más y quizá, el más importante de todos: el de la UNAM. Justamente de eso tratará esta entrada. Así que vamos a comenzarla.

Después de la Conquista española y caída Tenochtitlan en 1521, el gobierno de facto de Hernán Cortés comenzó a cimentar la nueva Ciudad de México, que ya no tendría el esplendor mexica, sino una combinación de dicha etnia junto con la nueva raza española. Las autoridades de la Corona Española repartían a diestra y siniestra los puestos a los conquistadores de los territorios descubiertos en todo el nuevo mundo. Así pues, el primer "gobernante" de la Nueva España sería el propio Cortés. Pero a partir de 1535 comenzaría una organización más fuerte por parte de la Madre Patria hacia la nueva colonia. Este año llegó a México el primer Virrey de este territorio: Antonio de Mendoza y bajo su mandato se fue implementando poco a poco un nuevo sistema de gobierno que incluyera también servicios novedosos en el Virreinato.

En ese momento la educación se centró básicamente en la evangelización de los indígenas a través de los frailes que construyeron varios conventos e iglesias por donde peregrinaran. Pero no existía una educación "formal" que no sólo enseñara religión, sino también artes y cultura en general. Así fue que por Cédula del Rey Carlos V se fundó la Real y Pontificia Universidad de México en 1551, aunque comenzó a impartir clases hasta 1553. La creación de esta nueva casa de estudios permitió el acceso a la ciencia pero desde el punto de vista eclesiástico.

Muchos de los egresados de esta Universidad obtenían grados de Maestrías y Doctorados. Además, dicho lugar fue "haciendo méritos" para ganarse privilegios de algunas Universidades españolas y así ser considerada una de las más importantes de América.

A partir de 1821, cuando fue consumada la Independencia, la Real y Pontificia Universidad cambió su nombre a Pontificia Universidad de México, mismo que ostentó hasta 1865 cuando fue clausurada. Sin embargo, las escuelas que habían salido de dicha Universidad se mantuvieron vigentes. En 1867, bajo el gobierno del Presidente Benito Juárez y por iniciativa de Don Gabino Barreda, fue fundada la Escuela Nacional Preparatoria, que primero gozó de independencia para después ser anexada a los planes de la Universidad Nacional.

Bajo el mandato del Presidente Porfirio Díaz Mori, el Ministro de Educación, el Maestro Justo Sierra Méndez, rescató la idea de la Universidad. Así fundó, en el antiguo Colegio de San Ildefonso, sede de la Escuela Nacional Preparatoria (específicamente en el Anfiteatro Simón Bolívar) la nueva Universidad Nacional de México en 1910.

Pero en este año, el nuevo centro de estudios no era independiente al gobierno. Bajo la demanda de querer que la Máxima Casa de Estudios fuera autosuficiente y tuviera un régimen propio para su mejor gobernabilidad, en 1929, durante la administración de Emilio Portes Gil, se decretó la autonomía de la Universidad. A partir de ahí se denomina Universidad Nacional Autónoma de México.

Bajo los mandatos de los Presidentes Miguel Alemán y Adolfo Ruiz Cortines, se construyó e inauguró la Ciudad Universitaria en el Distrito Federal, la cual ha sido la sede central de la UNAM. La obra quedó formalmente abierta a la Nación en 1954.

La autonomía universitaria fue refrendada en 1968, cuando el Rector Javier Barros Sierra realizó una movilización en contra de la toma de Ciudad Universitaria por parte del Ejército Mexicano y como acción represora del Movimiento estudiantil de ese año. Aunque finalmente las tropas sitiaron el Campus Central, la labor de resistencia del Rector tuvo un impacto importante en la comunidad estudiantil, misma que resistió los embates del gobierno represor de Gustavo Díaz Ordaz y que defendió la casa de Estudios.

Hoy la UNAM le da a México muchísimos investigadores en campos humanísticos y científicos, así como espacios abiertos a la cultura, elementos importantes e imprescindibles en la formación universitaria. Además, le regala a la afición deportiva los equipos de los Pumas (tanto en futbol americano como en soccer), mismos que han ganado varios partidos, incluyendo el clásico Politécnico - UNAM (en americano).

Es por ello que el Centenario de la Universidad no debe pasar desapercibido y es un motivo más para continuar los festejos de este 2010. O ustedes, ¿qué opinan amables lectores? Agradeceré sus comentarios.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Bicentenario... ¿Con sangre o con letras?

¡Bienvenidos a una nueva entrada en mi blog, amables lectores! Con ésta inicio el mes de Septiembre y celebro también los 3 años de existencia de este portal. Muchísimas gracias a los que me han seguido a lo largo de este tiempo y a los que van conociendo este espacio de expresión.

En esta ocasión, les escribiré acerca del Bicentenario. Pero no de una cuestión histórica, sino de la preparación que se está teniendo en estos momentos, ya que faltan 4 días para celebrar los 200 Años de nuestra Independencia.

Desde hace 2 años aproximadamente, el Gobierno Federal ha realizado preparativos para la gran celebración del Bicentenario de la Independencia. Durante los últimos meses del 2009 y los primeros 4 del 2010, se estuvieron reclutando jóvenes que participaran como "voluntarios" colaborando en los eventos que se efectuarán el próximo 15 de Septiembre.

Además, el propio Gobierno Federal, a través de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y de la de la Defensa Nacional (SEDENA), ha contribuido a esta magno festejo enviando banderas de México y libros de Historia (llamado "Viaje por la Historia de México" -adaptación del "Álbum de México" de Editorial Clío publicado en 1998- de Luis González y González) de manera gratuita a todas las casas del país.

Las opiniones respecto al festejo del Bicentenario han estado divididas, sobre todo, a raíz de la distribución de ambas cosas -la Bandera Nacional y el libro-. Hay quienes opinan que en vez de que el Gobierno despilfarre dinero debería mejor crear empleos e invertirlos en cosas productivas. Hay otros que prefieren la celebración y que se celebre el Bicentenario de una manera "inolvidable".

Pero a la par de estas opiniones, existe otra realidad en la que muchos concuerdan -me incluyo- y por la cual no deberíamos estar tan contentos de celebrar: la proliferación de la inseguridad.

Los noticiarios cotidianamente nos muestran que los estados del norte de la República son tierra de nadie, que el gobierno no es quien manda ahí y que la situación delictiva se va agudizando cada vez más. No es cierto que Calderón y su lucha contra el narcotráfico esté dando frutos. Quizá García Luna (Secretario de Seguridad Pública) no le informó ni le previno al Presidente sobre los alcances que esa "lucha" tendría.

El hecho del discurso presidencial de que el combate al narco "costaría vidas" no satisface a la población mexicana, puesto que no son sólo 1 o 2 personas comunes y corrientes las que han muerto en enfrentamientos del propio ejército y los "maleantes", son miles y día a día se van sumando más.

Es deplorable ver cómo en las escuelas ya no se enseñan simulacros contra temblores o catástrofes naturales, sino que éstos ahora sean contra balaceras, que, desafortunadamente, terminan siendo "el pan de cada día" en varias entidades.

Así pues, amables lectores, reflexionemos varias cosas. Por un lado, sí debemos sentirnos orgullosos de un país que conserva identidad y que, de una u otra forma, es independiente, libre y soberano. Por ejemplo, nuestros vecinos del norte tendrán las últimas 3 cualidades, pero no poseen identidad propia. Así que hay que sentirnos felices de que México aún la tenga. Pero por otra parte, debemos recapacitar no sólo en la "guerra" contra el narco, sino en lo que podemos hacer para que prosperemos como nación y en la manera de contribuir a la sociedad a la que pertenezcamos sin afectarnos entre nosotros. O ustedes, ¿qué opinan amables lectores? Agradeceré sus comentarios.

jueves, 15 de julio de 2010

Expo Bicentenario Guanajuato 2010

Bienvenidos a una entrada más en este blog, amables lectores. Esta vez, les platicaré acerca de algo que quizá causará precedentes en los festejos del Bicentenario de nuestra Independencia y el Centenario de la Revolución y que resulta ser el proyecto más ambicioso del Gobierno Federal y de uno de los Estados de la República: Guanajuato. Me refiero a la Expo Bicentenario Guanajuato 2010.

Este martes pasado (13 de Julio) tuve la oportunidad de asistir a la Conferencia de Prensa que ofrecieron, entre otras personalidades, el Gobernador del Estado de Guanajuato, Juan Manuel Oliva Ramírez, así como el historiador José Manuel Villalpando César, el Secretario de Turismo del Gobierno de Guanajuato, Sergio Enrique Rodríguez Herrera, alcaldes de algunos municipios del Estado y los cantantes María José y algunos miembros de Moenia y Zoé. En esta Conferencia, el Secretario estatal de Turismo, expuso, con algunos videos, lo que será la magna obra de la Expo Bicentenario. Para ello, se dispuso de un gran terreno en el Municipio de Silao, donde se ubicará. Desde el 17 de Julio y hasta el próximo 20 de Noviembre, esta Expo será la sede de diversos pabellones que mostrarán un paseo por la historia de México, así como las Independencias de los países que también festejan el Bicentenario junto con la nación azteca y uno dedicado a la Madre Patria, España.

Después de que hablaran algunos de los participantes del panel, se pasó a la ronda de preguntas, donde lo obvio fue la cantidad de dinero que el Gobierno del Estado y el Federal gastarían en tal Expo. El Gobernador dio una respuesta evasiva. Por su parte, Villalpando, quien además funge como Coordinador de los festejos del Bicentenario a nivel Federal, difirió de las cifras que el Secretario de Turismo Estatal y el propio Mandatario guanajuatense promediaban para gastar en este proyecto. Así pues, oficialmente, la cifra de organizar y construir la Expo, se situó ente los $ 100 millones de pesos y los $ 30,000 millones (la más baja y la más alta que aportaron los expositores de la Conferencia).

Un error que dio a conocer Villalpando a la prensa española fue que se incluiría un pabellón dedicado al país del que México fue colonia debido a que se festejaba precisamente que nuestra nación había dejado de estar bajo el yugo español. No ofreció otra explicación coherente para la cual se pudiese haber puesto un pabellón para "honrar" (según él) a España.

La Expo Bicentenario ofrece, más que una atracción para el país, una serie de dudas con respecto al financiamiento de la misma y el hecho de que si México debería festejar algo este año o no, a sabiendas que aún continuamos con una tasa fuerte de desempleo y con demasiados problemas que, hace 100 años, cuando a Porfirio Díaz le tocó celebrar el Centenario de la Independencia, no existían o por lo menos, estaban más controlados y donde el gobierno del General no se dedicó a abrir obras inútiles que sólo vanagloriaran su figura durante un cierto tiempo.

O ustedes, ¿qué opinan, amables lectores? Agradeceré sus comentarios.

domingo, 30 de mayo de 2010

En este Bicentenario, ¿sabemos si son o no...?

Bienvenidos a una entrada más de este blog, amables lectores. Les agradezco muchísimo a todas aquellas personas que pasan a leer alguna de las entradas de este espacio virtual de lectura y sobre todo también, a los que tienen oportunidad de dejarme comentarios. Créanme que los leo todos y nunca he censurado comentario alguno. Al contrario, creo que si existe mi blog y les pido que comenten es porque cualquier crítica es bienvenida, sea buena o mala. Por ello tampoco hay moderación de los comentarios, aquí en este blog cualquier persona sea o no parte de blogger puede dejar sus opiniones sin ningún problema, justamente porque sé que la diferencia de pensamientos entre todos los que estamos aquí en el blog (su servidor y ustedes) es la base de la libertad de expresión y yo creo muchísimo en ella.

Pero bueno, pasemos a la entrada de hoy, que será referente a una situación que pasó apenas hace unas horas (bueno en la mañana de este día Domingo 30 de Mayo de 2010) y que tiene qué ver con el Bicentenario. Me refiero a la genialísima idea del Presidente Felipe Calderón para exhumar y reubicar, por tiempo limitado, los restos de los próceres de la Independencia.

A diferencia de las idioteces con las que se han "vanagloriado" tanto el propio Calderón como los gobiernos estatales construyendo a diestra y siniestra obras inútiles con el nombre "Bicentenario", hace 100 años, el gobierno del General Porfirio Díaz, a quien le tocó el Centenario del Inicio de la Independencia, llegaba con su comitiva a inaugurar obras pomposas. Entre ellas, por ejemplo, el Manicomio de La Castañeda (actualmente inexistente y que estuvo en Mixcoac, en la Ciudad de México [su fachada aún se conserva en Amecameca]), la Penitenciaría del Distrito Federal de Lecumberri (hoy Archivo General de la Nación), el nuevo Palacio Legislativo (cuya cúpula solamente llegó hasta nuestros días y que hoy es el mísero Monumento a la Revolución. No se pudo terminar debido al estallido de la Revolución), el Palacio de las Bellas Artes (concluído hasta 1934 debido a que entre 1911 y 1934 se suspendieron sus obras por la Revolución), y, por supuesto, el Ángel de la Independencia (obra del Arq. Antonio Rivas Mercado). La columna de la Independencia serviría para recordar la gesta heroica de la Independencia de México y para ensalzar al cura Hidalgo, a Morelos, a Guerrero, y a otros más a quienes se les rinde memoria en este monumento.

Bajo el gobierno del Presidente Plutarco Elías Calles se determinó que los restos de los héroes se trasladaran de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México hasta la Columna de la Independencia (a excepción de los restos de Vicente Guerrero, quien estuvo sepultado en el Panteón de San Fernando, de esta Ciudad). Ahí, sin saber si quiera si eran los restos originales de los héroes, quedaron hasta este Domingo 30 de Mayo de 2010.

En una ceremonia militar, se exhumaron los restos de los caudillos para, en próximas fechas, ser analizados y determinar a quién pertenecen. Desgraciadamente, no sería la primera ni será la última vez en la que un gobierno pretende imponer que unos huesos son de personajes importantes de nuestra historia. Por ejemplo, tenemos el caso de la Maestra Eulalia Guzmán, quien, supuestamente dio con la tumba de Cuauhtémoc ¡500 años después de muerto éste! Por orden presidencial, se determinó que los huesos que había encontrado Guzmán eran del guerrero y tlatoani azteca sin siquiera saber a quién pertenecieron en realidad. Caso similar ocurrió en 1947 cuando, después de la visita a México de Harry S. Truman, Presidente de los Estados Unidos, a Miguel Alemán le "caló" que este mandatario dijera que no habían honrado a los que murieron heroicamente el 13 de Septiembre de 1847 durante la intervención estadounidense a nuestro país. Curiosamente, en esa fecha, pero de 1947, unos arqueólogos encontraron unos huesos a las faldas del Cerro de Chapultepec y pa' terminar con semejante coincidencia, resultó que eran restos de 6 personas... También por órdenes presidenciales, se determinó que esas osamentas pertenecían a los 6 Niños Héroes que la "Patria" hoy aún recuerda y de inmediato se les erigió un monumento en su honor.

Así que lo más probable es que nos salgan con que efectivamente los restos que reposaban en el Ángel de la Independencia sí sean los de nuestros caudillos... Yo nomás me imaginaría si en 100 años más de pura casualidad un 2 de julio se encuentran los restos de Vicente Fox o de Calderón tratando de conmemorar que ellos 2 fueron los "próceres" del cambio en México. Ustedes ¿qué opinan de todo esto, amables lectores? Agradeceré sus comentarios

martes, 9 de febrero de 2010

México 2010. La historia narrada por sus protagonistas I: Francisco I. Madero.

Hola, ¡qué tal amables lectores! Sean bienvenidos a una entrada más en este blog, con la que inauguro el mes de Febrero de 2010. Y a partir de esta entrada y durante los próximos meses (hasta que se acaben los héroes jajajaja) iniciaré una serie con motivo del Centenario de la Revolución y el Bicentenario de la Independencia. La he llamado "La Historia narrada por sus protagonistas" porque lo que pretendo con ello es mostrar un panorama de la vida y obra de los próceres de las 2 luchas anteriores pero no desde un punto de vista que siempre hemos sabido, sino algo así como si ellos lo dijeran de voz propia. Además de estas entradas, seguiré con las normales, que tratarán de los temas que estén en boga en el momento que se estén suscitando. Así pues, inicio esta serie con un personaje importante: Francisco I. Madero.

Y... ¿Por qué iniciar con Madero y no con alguien más? Mejor que sea él mismo quien se los cuente. Adelante, Sr. Madero.

Muy buen día señores lectores de este novedoso invento denominado Internet o Red de Redes y que leen a este muchacho llamado Roy, en este portal. Él me ha permitido expresar algo sobre mi vida y lo que realicé durante ella y quiero compartirlo con ustedes. Yo soy originario de Coahuila, esa hermosa tierra de donde también es originario Don Venustiano, que después les relatará su historia. Mis padres eran el Sr. Francisco Madero Hernández y Doña Mercedes González y mi hermano fue Gustavo Adolfo Madero, quien llegó a ser embajador de México en el Japón durante mi mandato como Presidente de la República. Y quiero recalcar que la "Y" que es parte de mi rúbrica no significa Indalecio, sino Ignacio. Nací en 1873 y desde joven me interesé en cuestiones de política, aunque tuve algunos estudios de agricultura y administración porque mi padre era un personaje importante en mi tierra y tenía bastantes terrenos a trabajar.

En el tiempo que yo nací y que me iba convirtiendo en adolescente, todavía gobernaba el país el General Porfirio Díaz, pero con el paso del tiempo se iba haciendo más y más viejo y ya había mucha gente que no lo quería y yo me había dado cuenta de eso. Era tiempo de que los jóvenes entráramos en la vida política del país, aunque quitar al grupo de "Los Científicos" (o mejor dicho, el gabinete del Presidente Díaz) y al propio Don Porfirio estaba muy difícil. Pero aún con eso, no se me quitaron las ganas de entrar a cuestiones de política y así me adentré en el Ateneo de la Juventud.

Mis estudios en el extranjero junto con mi hermano Gustavo, me dieron la oportunidad de entrar también en otros ámbitos, como lo espiritista. A mi regreso a México continué con esa práctica, que me llevó incluso a contactar al ex presidente Benito Juárez, quien fue mi guía para intentar derrocar al Presidente Díaz y de quien sentí un grana apoyo durante mi gobierno. Pero también intenté realizar varias cosas que le presenté al propio Primer Mandatario, entre ellas, una tesis donde expuse la necesidad de construir una presa sobre el Río Nazas, lo que le gustó a Don Porfirio. Todas estas experiencias poco a poco iban forjando mi pensamiento ideológico y así fue que en 1904, teniendo ya 31 años me lancé a convocar un primer mítin y fundé un club político que llevó el nombre del Lic. Juárez.

Estando al pendiente de todo lo que hacía nuestro Presidente, me percaté que en 1908 un periodista de nombre James Creelman lo había entrevistado y que Don Porfirio había declarado que México ya estaba apto para la democracia. Esta frasecita y la convicción con la que la dijo el Presidente, me dejaron apantallado y durante unos añitos me quedé pensando si sería cierto o no. Así fue que escribí mi libro La Sucesión Presidencial en 1910, cuyo primer ejemplar vio la luz en 1909 y que llegó a manos del mero mero Presidente. En ese año también publiqué un manual espiritista pero creo que lo que impactó más fue mi primer libro. Toda la polémica que levanté con esa publicación me llevó a entrevistarme con el General Díaz en 1910 y, tranquilo, me dijo que mejor me esperara a las elecciones... "¡Ah qué Panchito tan necio y terco!", me dijera el Presidente. Lo que no me esperé es que después de esa entrevista me mandara perseguir y encarcelar. Con audacia escapé de la cárcel de San Luis Potosí y me fui a los Estados Unidos, desde donde redacté el famosísimo Plan de San Luis, que fue el alma mater de lo que sería una Revolución bastante fuerte.

Bueno, como todo buen político de mucho colmillo, el General Díaz volvió a "dormir" a la población para las elecciones de 1910 y se reeligió pero ahora por un período de 6 años (antes los presidentes duraban 4 años en el cargo). Pero el gusto no le duró mucho. En Puebla, unos hermanos que se apellidaban Serdán iniciaron el movimiento armado que yo había estipulado en el Plan de San Luis. Así pues, Carmen, Aquiles y Máximo Serdán lucharon contra el gobierno del Presidente Díaz el 18 de Noviembre de 1910. En su casa, Máximo y Aquiles murieron a causa de las balas enemigas y a Carmen, su mamá y su cuñada, las mandaron encarcelar en la misma ciudad de Puebla de los Ángeles.

El siguiente año, 1911, mediante unos tratados que se firmaron en Ciudad Juárez, Chihuahua, el General Díaz y su Vicepresidente, Ramón Corral, renunciaban a la Presidencia de la República y a la Vicepresidencia. El Lic. Francisco León de la Barra quedó a cargo de convocar nuevas elecciones. En ellas, compartí fórmula con Don José María Pino Suárez, quien asumiría el cargo de Vicepresidente de la República (según me enteré después fue el último que ocuparía ese puesto). Ganamos las elecciones y en Noviembre de 1911 asumimos constitucionalmente el poder, según lo marcaba la Carta Magna de 1857.

En los primeros días de mi gobierno me entrevisté con Don Emiliano Zapata, aquel campesino luchador del Estado de Morelos que quería un mejor reparto de la tierra para sus paisanos. Desgraciadamente, debido a que el Lic. León de la Barra había mandado a los Grales. Blanquet y Huerta a combatir a Zapata porque lo consideraban bandido, quise ir a pactar la paz con él, sin llegar a ningún acuerdo, por lo que el Sr. Zapata lanzó el Plan de Ayala desconociendo mi gobierno y reconociendo al Gral. Pascual Orozco, quien después se aliaría a Huerta para derrocarme.

Quienes me juraron lealtad fueron el Gobernador de mi tierra, Coahuila, Don Venustiano Carranza y el General Francisco Villa. Durante 1912 y 1913 traté de quitar un poco el yugo del Porfiriato, aunque no lo logré del todo. Sin escuchar a mi hermano Gustavo, que me decía que no debía hacerlo, nombré como Ministro y General de varias plazas a Victoriano Huerta, autor de la muerte de mi hermano y de la mía propia.

En 1913 estaba perdiendo muchas de las lealtades que había tenido antes. Ya ni siquiera el espíritu del Presidente Juárez me guiaba... ya no sabía hacia dónde iba mi gobierno, aunque yo creí que estaba en el buen camino. Dentro de toda la mala situación que venía encima, los jóvenes del Colegio Militar marcharon hacia el Palacio Nacional el día 9 de Febrero, y como siempre, leales a la Patria, juraron ser fieles al gobierno que yo encabezaba. Desafortunadamente, ya se había empezado una conspiración en mi contra con el embajador de EUA, Henry Lane Wilson, mi hombre de confianza, el Gral. Victoriano Huerta y los Generales Aureliano Blanquet y Bernardo Reyes. El 18 de Febrero de 1913, mi hermano Gustavo fue asesinado por órdenes de Félix Díaz y Huerta mismo y al día siguiente, se nos ordenó al Vicepresidente Pino Suárez y a mí renunciar a nuestros cargos. Para el 22, íbamos a irnos a Veracruz, pero Huerta nos tendió una trampa y nos trasladó a la Penitenciaría de Lecumberri, en el Distrito Federal y nos mandó asesinar. Mi esposa, Sarita, permaneció en estado de luto por mi muerte hasta el momento que ella me vino a acompañar a esta otra vida. La viuda de mi hermano Gustavo le dio permiso al Ayuntamiento de la Villa de Guadalupe Hidalgo que le pusieran Gustavo A. Madero en 1931. Y algún tiempo después mi tumba fue profanada para sacar mi cuerpo y trasladarlo al Monumento que se hizo donde Don Porfirio iba a hacer su Palacio Legislativo. En ese entonces esa calle del Distrito Federal se llamaba Avenida Palacio Legislativo. Creo que ahora le llaman Avenida de la República y la colonia donde se encuentra es una que le llaman La Tabacalera.

Esta fue mi historia y espero que con ella hayan comprendido un poco más de mi vida. Pronto vendrán más héroes incluso del siglo pasado, como el glorioso cura de Dolores, Don Miguel Hidalgo o la Corregidora Doña Josefa Ortiz o el Generalísimo José María Morelos. Pero pronto conocerán más de ellos. Hasta aquí llegué yo y ahora regreso a la inmortalidad, desde donde he visto el desarrollo del México que muchos de nosotros forjamos en siglos anteriores.